Colegio Mayor Peñafiel: “¡NO!, PREFIERO TENER QUE DORMIR EN LA CALLE”

Fragmento del Testimonio de JF, actualmente ex colegial del Colegio Mayor Peñafiel de Valladolid, obra corporativa del Opus Dei.
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Ahora puedo explicarme cosas que no lograba entender. Muestra al Colegio Mayor Peñafiel, y a todo el Opus Dei que está detrás, como una gran mentira que hace daño a las personas y que las utiliza, porque no importa la persona, el individuo debe ser ‘digerido’ por un organismo voraz: LA OBRA. Yo, hasta donde he visto, doy fe de que las cosas funcionan así, aunque sea difícil de creer que se sostenga, no por mucho más tiempo, una cadena tan larga y elaborada de mentiras. ¿Voy a seguir ni un mes más en un antro como este? ¡NO!, PREFIERO TENER QUE DORMIR EN LA CALLE.
No hay claridad, todo son susurros y consultas, y broncas destempladas por tonterías, segundas intenciones y laberintos. No hay amistad, sin amigos una persona está como muerta. ¿Por qué los del Opus Dei no pueden tener amigos de verdad?, ¿es que a LA OBRA le interesa tener ‘cadáveres’ que se pudran en sus casas y centros? Yo quiero tratar con personas de carne y hueso, como soy yo, y por eso me entiendo con ellas. No quiero a un mal actor que se pase el día fingiendo, con una sonrisa falsa grapada a la cara, con ademanes prepotentes, con reacciones desproporcionadas y desequilibradas, que igual te echa una bronca por llevar una camiseta cuando hay una temperatura de 30 grados en Valladolid y, a la semana siguiente, se pone a chillar y a hacer pucheros en la sala de estudio porque alguien le ha descolocado los apuntes.
No quiero, aun indirectamente, prestar mi apoyo a una institución que es perversa, por eso me iré, con mucho gusto, del Colegio Mayor Peñafiel y para mi el Opus Dei será una experiencia felizmente pasada, que me haga tener presente lo malo que es ocuparse fanáticamente en un objetivo pasando por encima y aplastando a las personas. No quiero vuestras charlas ni vuestras lecciones porque me habéis demostrado que conducen a la despersonalización y a un estado de letargo y apatía anímica que espero no volver a ver nunca. No quiero que me adoctrinéis con teorías extrañas que no son para seres humanos sino para individuos grises e infelices que se pasean entre sus contemporáneos despreciando todo lo que no es lo suyo y criticando todo lo que no se ajuste a sus prejuicios programados en laboratorio. No quiero convertirme en algo que da pena, en una piltrafa, en una ruina.
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