Así me hicieron numerario del Opus Dei de 14 años
Publicado originalmente en OpusLibros.org
Miguel L.
Tenía 14 años en 1983 y había estudiado desde pequeño en un colegio del Opus Dei.
Tal vez como consecuencia de haber estudiado en colegio no mixto -sólo para chicos- nunca había llegado a tener ninguna clase de relación con ninguna chica de mi edad, excepto -claro está- la relación propia entre primos y primas. Y fue precisamente entonces, cuando mis compañeros empezaban a salir y tener amigas -como es normal en esa etapa de la vida- el momento en el que yo llegué a conocer y frecuentar un centro de la obra.
Algunos de mis compañeros de clase habían comenzado a ir a ese club algunos meses antes que yo. De puertas afuera era un centro “cultural”. En él vivían universitarios numerarios , algunos de los cuales eran mis propios profesores del colegio, y este descubrimiento supuso algo muy novedoso para mí.
Las tardes yo las aprovechaba mejor en el club que en mi casa puesto que en el club conseguía estudiar más y mejor. Allí no existía la tentación de ponerse a ver la televisión y era más difícil que me distrajera con cualquier cosa ajena a mis estudios. Había orden y tranquilidad en la sala de estudio. Además, los estudiantes universitarios que allí vivían, en vez de estudiar en sus propias habitaciones, bajaban a la misma sala de estudio que nosotros, los chavales de 14, 15 años y siempre te echaban una mano con tus propios deberes del colegio si les pedías ayuda. Había varios ingenieros que sabían mucho de matemáticas…
¿En qué otro lugar hay universitarios dispuestos a explicar matemáticas con paciencia, amabilidad y sin cobrar dinero?
Como ya sabéis -pero yo ignoraba- estos universitarios no nos dedicaban tiempo, afecto y amistad desinteresadamente. Todas las actividades del centro tenían un prioritario fin apostólico que finalmente se concretaba en un fin proselitista prioritario: encontrar a ese tipo de estudiantes que cumplan los requisitos para pedir la admisión a la obra como numerarios ( no voy a hablar aquí de esos requisitos -posición, familia, etc.-)
Al desconocer el funcionamiento de la organización, del Opus Dei, yo ni siquiera podía sospechar que desde el primer momento que puse el pie en esa casa, muy probablemente ya fui observado y analizado con el objeto de comprobar si yo -una nueva cara que aparece por el centro- podría reunir las condiciones a las que me he referido en el anterior párrafo. Es verdad que mis profesores ya me conocían algo, pero en el colegio existe un distanciamiento natural entre profesores y alumnos.
Aquí en el centro esta distancia podía desaparecer y yo podría ser cómodamente observado y conducido. Así que desde el primer momento, sin duda, hubo personas que me echaron el ojo y fueron pensando en ir atrayéndome más y más a la vida del centro, en ganarse mi confianza mediante la amistad y el trato personal, y que sin duda también rezaban por mí, para que yo diera un resultado “óptimo” después del “tratamiento”.
Esto del “tratamiento” habría que explicarlo para quien no lo sepa. Resumiéndolo un poco, una persona que no ha tenido contacto alguno con la obra, si se ve que tiene materia prima ( otra vez las famosas condiciones) para llegar a pitar, ha de seguir un proceso, algo así como el diamante en bruto que hay que lavar, rascar, liberar de adherencias inservibles y finalmente tallar hasta conseguir el brillante deseado.
¿Cómo se lleva a cabo este tratamiento?
Es preciso que alguien de la obra te “trate” , esto es, hacerse cargo de tu seguimiento, haciéndose amigo tuyo para conseguir así tu atención, para meterse en tu vida, para poder invitarte y hacer que frecuentes el club. El tratamiento continua con los medios de formación, y las charlas con el cura del centro. Pero bueno… hay que ir paso a paso, y hay que ir viendo cómo el sujeto va respondiendo a cada nueva etapa del proceso. Todo cuenta para ir evaluando si vale o no vale.
Así que empezaron a llamarme para participar en planes interesantes, salidas en coche , excursiones, etc.
Cuando se ganaron suficientemente mi confianza, empezaron a invitarme a actividades de tipo religioso: meditaciones, charlas, etc.
Salir cuanto antes del Opus Dei
Publicado originalmente en OpusLibros.org
Sonsoles
La descripción de lo acontecido con D. Antonio Petit justifica por sí sola la existencia de opuslibros.org. A todos se nos ha encogido el corazón al leerlo, pero a ninguno nos ha extrañado. ¡Cuántos antonios hay todavía en el Opus Dei!
Para mí es una prueba de que cuanto antes hay que dejar el Opus Dei. Cada día que pasa estando dentro es nocivo para el alma, para los sentimientos, para la salud y un perjuicio económico e incluso legal para el individuo. Y al final eso es lo que importa, la salud y el bienestar de cada persona. Hay muchas personas como cuenta Agustina que siguen en el Opus Dei sabiendo que están en una organización perversa y pensando que hacen bien a otros. Quizás sea así y ayuden a gente que sigue o que piensa en irse, pero deberían pensar en sí mismos y en el daño que la Obra les está haciendo a ellos. También hay personas que siguen porque creen que fuera no van a ser capaces de vivir o que les resulta más cómodo seguir dentro…
Quizás pensemos que conociendo lo que se cuece dentro se inmuniza uno contra el mal, que se está a salvo de las barbaridades que la Obra ejerce contra todos sus fieles. No es así. El Opus Dei es una de las sectas más peligrosas que existen y debemos tenerlo en cuenta. Respetando la libertad de cada cual, yo recomendaría a todos los que vean todo ese mal que dejen el Opus Dei hoy mismo. Nada justifica seguir. Hay que darse cuenta de que cuando vemos ese mal desde dentro de la institución estamos solos contra todo un engranaje de directores perfectamente engrasado y con un escalado que cumple sus funciones de “reportar” al superior y de obedecerle sin fisuras.
Decía que el Opus Dei es una de las sectas más peligrosas. En pocas organizaciones está tan bien pensada la manera de anular a la persona en todos los aspectos. La manera de que sea útil y no un problema. La manera de exprimir hasta la extenuación a cada uno de sus miembros.
Analicemos un poco. Controlan los pensamientos, sentimientos y actos mediante la dirección espiritual doble de sacerdote y director con la insistencia de sinceridad absoluta y salvaje. Minan la autoestima y la moral del fiel con los sentimientos de culpa que le inculcan en esa dirección espiritual. La formación va encaminada a anular cualquier resquicio de personalidad propia, de sentimiento individual o de toma de decisiones personales. Siempre está el lema que graban a fuego en la mente de los miembros: estás aquí por la voluntad de Dios, tienes que hacer la voluntad de Dios que te viene por los directores.
Mediante el compromiso de obediencia influyen en todas las actividades de cada numerario/a (en menor medida en agregados y en menor supernumerarios y cooperadores, en los que también lo intentan), indicándoles los estudios a realizar, marcando con la exigencia de labores apostólicas y materiales para el Opus Dei su trabajo profesional, la ciudad donde viven, su relación con su familia, con sus amigos… aislándoles de ellos cuando lo consideran oportuno por el compromiso de castidad, obligándoles por el compromiso de obediencia a dejar su trabajo para dedicarse a labores internas por las que no reciben salario ni cotizan a la seguridad social o a la administración (cuidado de las casas del Opus Dei) o a ser sacerdotes.
Por el compromiso de pobreza controlan todos sus ingresos y todos sus gastos. Deciden lo que deben poseer y lo que no, cuando comprar y cuando vender. Es a lo que me refería antes con el perjuicio económico y legal que puede causar el Opus Dei cada día de más que se permanece. (Ver la anécdota del coche de Antonio Petit o el caso de la propiedad inmobiliaria en Sevilla) En este sentido hago el enlace con un escrito que recomienda cosas muy interesantes.
El Opus Dei decide todo en la vida de un numerario. Dice a nombre de quien se hace el contrato de la luz de una casa, quien aparece en las compras de coches, quien se desgrava por un alquiler de vivienda… ¿qué pasa si se equivocan? ¿Qué pasa si, pensemos mal, el Opus Dei decide que un numerario no pague impuestos un año porque ese dinero lo necesitan para X? El numerario debe obedecer y si, sigamos pensando mal, esa decisión se toma cuando es inminente la salida del numerario en cuestión, a su salida se encontrará con una deuda. Llevando el pensamiento al colmo del mal, el Opus Dei puede llevar incluso a la cárcel a uno de sus miembros o sus antiguos miembros con otro de sus trucos: los papeles en blanco que todo numerario firma y deja a los directores en algún momento de su vida. ¿No es un atropello esa obligación? ¿No va en contra de toda lógica, de toda legislación humana o divina?
El Opus Dei es una secta peligrosa dentro de la Iglesia Católica. No hay ningún indicio de modificación en su conducta por lo tanto la única solución es que desaparezca. La Iglesia la ha aceptado como prelatura personal y eso quiere decir que el único que puede disolver el Opus Dei es el Papa.
Pongámonos en el mejor de los escenarios. El Papa disuelve el Opus Dei. ¿Desaparecería el Opus Dei? ¿Los actuales directores high level lo permitirían? ¿A qué se iban a dedicar? Si se me permite mi opinión, antes lo convierten en una cadena de tintorerías. Tintorerías por supuesto desde las que seguir manipulando a personas, que es lo que les interesa.
Por eso creo que además de insistir en el tema eclesiástico se debería tratar el tema sociológico- que la sociedad sepa lo que es el Opus Dei en realidad y se conciencie del daño que le hace-, jurídico-seguir con denuncias en casos de no cotización a la seguridad social, protección de datos, acoso a menores- y también político. Leyes que realmente impidan que el Opus Dei cometa tantas tropelías.
Un saludo
Sonsoles
Todos los milagros del Fundador del Opus Dei,… son así…???
Publicado originalmente en OpusLibros.org
Isabel Nath
Hola a todos,
Escribo en esta ocasión para contaros una cosa curiosa que me ocurrió hace diez días (tened un poco de paciencia al leerlo que veréis que al final tiene relación con el Opus Dei…).
Atendí recientemente a una Conferencia Internacional en New Delhi en la que se hablaba de reparación neuronal (http://www.udaan.org/nr2con/). Yo iba solo como ‘madre de niño con necesidades especiales’ porque no soy médico. En esa conferencia se habló de muchas técnicas que existen en la actualidad para mejorar la calidad de vida de niños dentro del espectro autista, niños con PC, y personas adultas que hayan tenido un infarto cerebral o un daño en la espina, o algo así (aprovecho para decir que tengo mucha información al respecto y si alguien está interesado en compartirla por favor que pida mi dirección de e-mail a Agustina).
Uno de los ponentes era un médico de USA que se llama Bernard Brucker, y es el inventor del Método Brucker para aplicar el biofeedback. Siento el tecnicismo; se trata de una técnica nada agresiva en la que se enseña o re-enseña a mover los músculos de forma correcta (fundamental para personas con PC o después de un infarto!). Se hace a través de unos electrodos que se colocan en los músculos que se quiere tratar y a los que se les dan pequeños impulsos eléctricos. Los resultados son espectaculares, o si lo queréis de otra forma, en ocasiones parecen ‘milagrosos’. Para que se vea que no estoy inventándome nada, podéis poner las palabras Brucker, Miami, biofeedback en Google y echar un vistazo.
Este médico del Hospital Judío de Miami, Dr. B. Brucker, presentó unos cuantos casos (más de 15 creo) para que viésemos cuáles eran los resultados que se pueden obtener. Uno de ellos era un pianista de una cierta edad que había sufrido un espasmo cerebral y como consecuencia no podía tocar el piano. El Dr. Brucker le aplicó su método de recuperación y este hombre volvió a tocar el piano, al principio con cierta dificultad pero poco a poco fue cogiendo fuerza en los músculos del brazo afectados y llegó a dar conciertos de nuevo. Hasta aquí la exposición del Dr. Brucker, con diapositivas tomadas en varias etapas del proceso y etc., etc. Ahí se quedo la cosa. No era el caso más llamativo de los que nos presentaba, más bien normalito pero peculiar, porque un pianista necesita mucha finura de movimiento en los dedos, obviamente.
Pasan los días y yo intento buscar en Google más datos acerca de este método y me encuentro con el siguiente link: http://www.conelpapa.com/quepersigue/opusdei/curaciones.htm
Si leéis el propio link despacio ya entendéis de qué va la cosa… Efectivamente, el mencionado pianista relata lo mismo pero en clave de milagrito de San Josemaría!. Cada cual puede pensar lo que quiera; yo personalmente creo más bien poco en los milagros, y sobre todo me resulta sorprendente que según a qué movimiento cristiano se afilia uno, las posibilidades de milagrito que tiene aumentan de forma desmedida. Respeto las creencias ajenas en cualquier caso. Pero este ejemplo nos demuestra que las cosas más científicas pueden tener si queremos lectura de milagrito, porque además la ciencia avanza que es una barbaridad, que decía aquel. Y hombre, poner a uno de ejemplo de santidad basándose en este tipo de cosas… Como sean todos iguales…
Reconoceréis que atender a una Conferencia Internacional con un tema tan específico, en un país tan remoto, sin ser médico, no es lo más normal para una españolita de a pie. Tener interés personal en ese Método concreto, menos. Tener la posibilidad de hablar tranquilamente con el señor que se lo ha inventado, casi es carambola. Y la carambola completa es que ese señor, ajeno a milagros de tipo alguno, ponga como ejemplo de la efectividad de su método el ejemplo del milagrito!. El que una oreja esté presente en esa Conferencia y se encuentre luego en Internet el relato del milagro ya no sé como llamarlo… La verdad es que cuando lo escribieron debieron pensar que era casi imposible que alguien lo descubriese, pero como decía mi abuela: “cuando no quieras que algo se sepa, sencillamente no lo hagas…”.
Sonreíd…
Isabel Nath
¿Quiénes son los langostinos?
Publicado originalmente en OpusLibros.org
Brian
Me imagino a las mentes sesudas de la AOP de Vitrubio (Madrid), reunidas en plan consejo local, Comisión (Asesoría no porque “ellas no hace falta que sean sabias, basta que sean discretas”), enviado nota urgente a la AOP del opus en Roma con propuesta de varios títulos para el artículo que copio a continuación de la web oficial, y esperando ansiosamente respuesta. Por fin llega la respuesta: Poned título impactante: “El ancho mundo del langostino”. ¡Cómo se nota que nuestro santo fundador ilumina las mentes de Bruno Buocci! se murmura por lo bajo. Me pregunto: ¿No quedan numerarios con mentalidad periodística sin ánimo de hacer el ridículo? El mundo del langostino es ancho pero menos estrecho que la mente de los langostinos que hacen la web oficial. Ahí va:
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En el ancho mundo del langostino
Juan Latorre vive en Burgos, es ingeniero de telecomunicaciones
02 de noviembre de 2007
En ocasiones la vida te cambia de un día para otro; porque estaba yo trabajando tan tranquilamente en una central telefónica de Madrid, cuando una hermana mía que vive en Burgos me llamó diciéndome que había un puesto vacante en una empresa de langostinos. Era un puesto, decía, que me iba como anillo al dedo. ¿Yo en Burgos? Antes habíamos bromeado sobre el asunto, y yo le había dicho que si me encontraba un trabajo como catador de langostinos, allá que me iba rápidamente…
Y para allá que me fui. Y mis padres, con los que vivo, dijeron que se venían también. Fue un cambio importante, porque los dos son andaluces, de dos pueblos de Jaén: Úbeda y Torreperogil y Burgos está en plena meseta castellana. Mi padre, que trabajaba de albañil, ya está jubilado. Gracias a la formación cristiana que me han dado -mi madre es supernumeraria- y a Tajamar, donde estudié, conocí el Opus Dei. Soy agregado.
En junio del 2003 nos instalamos en Burgos. El trabajo es muy interesante, aunque no como catador, precisamente: soy ingeniero de telecomunicaciones. Yo no sabía mucho de Burgos; pero sí es una ciudad que tengo asociada a la necesidad de ser siempre optimistas. He leído muchas veces que cuando San Josemaría vivió aquí, en plena guerra civil, con el país destrozado, todo invitaba humanamente al pesimismo. Sin embargo, el fundador del Opus Dei se mantuvo siempre fiel al querer de Dios, contra viento y marea, esperanzado casi contra toda esperanza. He pensado muchas veces en esto, durante mis idas y venidas por la ciudad, cuando hago gestiones para mi empresa.
Esas gestiones me llevan en ocasiones bastante lejos, por el “ancho mundo del langostino”. Voy con frecuencia a países como Brasil, Ecuador, Nicaragua, Perú, India, Tailandia, Irán, Venezuela… Esos viajes me permiten hacer amistad con muchas personas, de mentalidades, religiones y culturas muy distintas; y he comprobado que, por encima de las razas, las culturas, las religiones y las mentalidades, en todos los hombres late una gran sed de Dios.
Durante esos viajes las conversaciones sobre Dios se puede decir que nacen solas. Porque cuando terminamos de hablar del langostino, pasamos, casi sin darnos cuenta, a hablar de la familia, de los hijos, de los problemas y preocupaciones de cada uno. Y he visto cómo, cuando se acercan a Dios, su vida se llena de esperanza y optimismo.
Hace poco un amigo mío, católico, que llevaba varios años de vida marital, me ha dado una gran alegría: ha decidido casarse por la Iglesia. Es un hombre muy bueno, con mucho cariño a su mujer, pero que, como tantas personas, no ha tenido en su vida muchas oportunidades de formarse bien.
Y es curioso cómo hace Dios las cosas: habíamos hablado con frecuencia de la maravilla del sacramento del Matrimonio, pero por unas cosas y por otras no acababa de decidirse. Hasta que un día me enseñó la fotografía de su chica y le dije, de broma:
-Es muy guapa. Ya verás lo que haces; porque… ¡o te casas o te la roban!
Fue una broma, un comentario sin más, ya digo, pero del que Dios se sirvió para hacerle cambiar de vida. He pensado en eso muchas veces: Dios se sirve de pequeñas cosas -un comentario, un e-mail, una llamada telefónica- para mover con su gracia a las personas; y muchas, de un día para otro, como me pasó a mí, se deciden a cambiar no sólo de ciudad, sino de algo más importante: de vida.
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Impresionante título, impresionante testimonio. Porque o se casa o le roban a su chica. Y para que no se la roben -¡como sólo te pueden robar a tu chica si no estás casado!- pues se casan y ahora ya será suya para siempre: “mía o de nadie”… ¡Hay que ver las tonterías que se pueden leer en la web oficial de la prelatura! La Cosa está decayendo mucho, pero mucho mucho.
Saludos
Brian