El Opus Dei en Valladolid

Encuentro y libertad de expresión

Malos (¿o buenos?) tiempos soplan para la Obra

Publicado originalmente en OpusLibros.org 

Compaq

Malos -para mí que buenos- tiempos soplan para la Obra (la Firma, la Compañía, la Marca, el establisment, el kukusklan) y por ende a sus súbditos, que no saben dónde estuvieron ni dónde están ni dónde estarán. Cuando hablo de súbditos me refiero a numerarios, agregados y a algunos supernumerarios, en sus vertientes masculina y femenina. Los sacerdotes ya no saben si pertenecer a la Sociedad de la Santa Cruz es lo mismo que ser del Opus Dei y los sacerdotes numerarios tampoco saben qué tiene qué ver que un día se comprometieran a ser laicos y de la noche a la mañana se vieran ordenados en virtud de la obediencia o generosidad. Tienen tal lío cada uno de los pocos seres pensantes que quedan ahí (los muchos más que en su día fueron seres pensantes, de los pocos que quedan, ahora son seres durmientes que con tomarse las pastillas para “perseverar” ya tienen suficiente), que el “exceso de realidad” de lo que ven y viven -más la lectura de Opuslibros-, les cruje y les sobrepasa. “¿Pero dónde estoy?”, se dicen. “¿Cómo me engañaron tan fácilmente?”…

No quisiera estar en la piel de Prelado ni de los consejeros y delegados de la “labor de san Miguel”: ya no les quedan respuestas a no ser la repetidas como autómatas y que, afortunadamente, los que van en busca de ellas también se las saben: “no cuela”, les dicen; “¿no tienes otra respuesta nueva?”. El castillo de naipes se desmorona y la Obra se vacía. No hay directores capaces de resistir tanto desencanto/desencuentro porque ya no les sirven las frases estereotipadas para retener a otros, sino que no les sirven para retenerse a ellos mismos. Se van consejos locales en pleno cada curso… Los sustituyen con otros directores que se van también en pleno al curso siguiente.

Cambian a un sacerdote numerario que se bajó a la realidad con los que “se van” y de paso destrozan un centro de supernumerarios porque el que le sustituye es un “talibán” recién ordenado que no tiene ni idea de qué ha sido la historia de ese centro ni de sus personas/almas que en él se formaron y se desencantaron. Los que resisten ponen su esperanza en “un milagro”.

Pero los milagros de fondo y de raíz no se dan. Hubo un “milagro” hace poco más de 10 años: ¡¡las numerarias ya pueden llevar pantalones!!. Ufff!: ¡qué cambio tan radical y fundamental!. Ningún “milagro” en cuanto a la guarda de la confidencia en la dirección espiritual, tampoco ninguno en cuanto a la coacción a adolescentes, ninguno a quererse como hermanos, menos aún en no hacer infelices a sus “fieles” (antes “socios” y ahora según el Código de Derecho Canónico sobre las Prelaturas Personales, simple y llanamente “cooperadores”). Desgraciadamente para el Opus Dei y sus súbditos, los milagros sólo se dan para las que pierden su dentadura postiza en una playa y se la encuentra un pescador al día siguiente. Escrivá se ha convertido en un santo milagrero de “lo ordinario”. Él, que tan poco de ordinario quería aparentar, ¿quién se lo iba a decir?

“La Obra” = “la Firma”=  ”la Tapadera”, es un cadáver en descomposición -afortunadamente para unos y desgraciadamente para otros a los que ‘la historia de una decepción sólo es una verdad conocida antes de tiempo’ (Milan Kundera)-. Ordenan presbíteros (sacerdotes) que se irán en pocos años y a los que echaremos una mano en Opuslibros (sus ex-hermanos) pero no el Opus Dei (su “familia sobrenatural con lazos más fuertes que los de la sangre” -sic. Escrivá-. Qué idiotez -la de Escrivá y sus sucesores- tan desconocedora de la realidad y de la mínima psicología). Una “familia” no se crea a raíz de la designación de las 8 o 10 personas que van a vivir en un centro, por decreto, criterio, praxis, norma o costumbre. ¿Por qué tantas pastillas para sobrevivir? ¿Por qué tanta depresión? ¿Por qué se ha dado recientemente “el criterio” de que se les dispense de la vida de familia a tantos y a tantas numerarios y numerarias? ¿Por qué hay tantos y tantas numerarias que ahora viven como agregados y agregadas sin una llamada de parte del centro al que siguen perteneciendo para ver cómo están? Porque los centros de numerarias y numerarios son un caos, un “sálvese quien pueda” a costa de amargarle la vida al resto, un verdadero artificio donde cada una/uno busca su válvula de escape con tal de no llegar a punto a la hora de la tertulia de la comida (en la actualidad prácticamente inexistente) o de llegar a los últimos minutos de la tertulia de la noche (para hacer acto de presencia y a continuación irse a su habitación donde pueden hablar por el teléfono móvil con sus amistades reales, entrar en internet para descargarse películas y participar en chats, y por supuesto, olvidarse de que están en el Opus).

Me dice un sacerdote que las válvulas de escape para las numerarias/os -imagino que también para las agregadas/os- son actualmente el vestir (ir a la última moda), la comida y bebida, un buen coche… Todo muy sobrenatural. Yo no voy a juzgarlos ni mucho menos, puesto que me parece muy lógico que tengan “razones para vivir y no para morir”, sean sus válvulas de escape las que sean. Yo también tengo mis válvulas de escape que pueden coincidir o no. Una vez que ya estoy fuera de la obra y no tengo que dar cuenta a ningún director de turno, hago lo que quiero y me da la gana, pero de verdad. Lo triste creo yo para compensar una vida de sufrimiento que Dios no envía, es tratar de sobrevivir en un mundo artificial donde una familia no es una familia, donde la pobreza no existe sino para los que trabajan en las labores internas, donde el celibato sigue siendo obligatorio para las mujeres numerarias/agregadas pero perdonado para los numerarios/agregados (ellos no se embarazan y siempre serán “ellas” las que les han provocado…).

Los que siguen dentro saben lo que hay. Los que los “dirigen”, también. Sólo queda esperar para saber quién saldrá antes: si el dirigido o el director. No hace falta discurrir mucho: el director. Y así andan, que no saben a quién poner en los consejos locales puesto que “el exceso de realidad” les anula para las labores de gobierno. Y como la dirección espiritual se confunde con las labores de gobierno y uno ya no sabe dónde está ni por qué está ni mucho menos sabe hacerse uno con el otro para ayudarle, lo que fue el Titanic-Opus ahora es una barquichuela rota. Como escribió Lope de Vega: “pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas desvelada, y entre peñascos, sola”.

Una mentira no se puede perpetuar “in aeternum” y al opus le llegó la hora de dar cuenta a sus propios “fieles”. Los “fieles” ya no comulgan con ruedas de molino. El prelado y su séquito tienen bastantes cuentas que dar, no ya a los que nos fuimos sino a los que aún están dentro. Que el regreso al mundo real les sea leve y sufran lo menos posible. Ojalá se den cuenta pronto que ellos no fueron los que fallaron y que tiene muchos años de vida por delante para ser de verdad, cristianos corrientes en medio del mundo.

Un saludo,

Compaq

Octubre 31, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Montauca Burgos, Club juvenil Niara, Club universitario Antares, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Encarnita Ortega Pardo, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Opus, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei Gijón, Opus Dei Salamanca, Opus Libros, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | Aún no hay comentarios

Mi pequeña historia (I y II)

Publicado originalmente en OpusLibros.org 

Julia

Me cuesta comenzar éste escrito, ya que mi historia, como la de la mayoría, no es sencilla. Empezaré por decir que yo no he sido NUNCA miembro de Opus Dei, pero casi.

Mi relación la obra comenzó en el año 1975, cuando terminados mis estudios de bachillerato con excelentes calificaciones, junto con mi firme vocación de estudiar Periodismo y dada la fama, que por aquel entonces, detentaba la Universidad de Navarra, así como los bienintencionados consejos de profesores y amigos, un buen (mal) día del mes de Julio me vi en Pamplona, realizando los exámenes previos a la Facultad de Ciencias de la Información (periodismo). Recuerdo, perfectamente, mi reticencia a entrar en dicha Universidad. Había oído, ya entonces, diversas críticas al Opus Dei dueño y señor de dicha Universidad. Reconozco que sentí miedo y una cierta depresión que achaqué a la salida de mi casa hacia un mundo desconocido. Pero me quedaba corta. No era solamente el cambio de la enseñanza secundaria a la universitaria; ni siquiera, el dejar atrás a mi familia, amigos y ciudad. Poco podía imaginar mi intuición el oscuro mundo en el caí: El Colegio Mayor Goroabe, centro de estudios y donde cohabitábamos 120 mujeres de las cuales cien eran numerarias y veinte (en calidad de adscritas) que ni lo éramos, ni sabíamos prácticamente nada del turbio camino que acabábamos de emprender. Muchos de vosotros tuvisteis la oportunidad de conocer el ambiente que palpitaba, por aquellos días, en todos los centros de la Obra, máxime en un centro de estudios de la Universidad de Navarra, a escasos tres meses de la muerte de Monseñor.

No recuerdo si habían pasado apenas cuatro días de mi estancia en Goroabe y tras la consabida acogida de sonrisas “colgadas” de TODAS las numerarias, cuando no sé como, me encuentro con una “amiga” P.C., que me viene a buscar a clase, me invita tomar café, se sienta a mi lado en el comedor y entre bromas y juegos comienza a darme la pelma, hablándome de su vocación al Opus Dei, del Padre y de la conveniencia de tener un director espiritual y quien mejor que el capellán del colegio, D. A. A.. El primer paso obligado, ya sabéis, fue llevarme de la mano al oratorio para confesarme con D. A.A.. Nunca olvidaré aquel primer encuentro, vía confesionario, con el cura del Colegio. Nada más arrodillarme, me llamó por mi nombre (señal inequívoca de que me estaba esperando) para después, a través de una voz encantadora y un físico impresionante (era guapísimo) manipularme con técnicas dignas del mejor terapeuta. Me contó- cómo no- la historia de su vocación, sus estudios (tres carreras universitarias) y su vida de joven madrileño de la calle Serrano, que conducía una moto de gran cilindrada y a quien perseguían las chicas. Le creí a pies juntillas, repito que era guapísimo: alto y delgado, pelo negro, siempre engominado, ojos enormes, también oscuros, sonrisa pícara y con un atractivo personal fuera de lo común. Cuando le veía entrar, atravesando El Mayor hasta el oratorio, no dejaba de preguntarme cómo habían destinado un capellán tan guapo a una centro de estudios de chicas, en edad de merecer. Tiempo después, comprendí que utilizaba su atractivo físico para dar ejemplo de su renuncia y al mismo tiempo, servir de “santo cebo” a las jóvenes numerarias que allí vivían. Desde aquella primera confesión fueron muchas las ocasiones en las tanto P. C. como otras numerarias (muchas) me invitaban a acercarme hasta el oratorio y confesarme con él. Al cabo de un mes, yo ya era “famosa” en Goroabe. Creo que todas me miraban como una “capra hispánica” como un pitaje inminente y apetitoso. Comprobé con el estupor de los diez y ocho años cómo, también algunos profesores numerarios y numerarias, me sonreían de manera especial y controlaban durante las clases, para ver si encendía un cigarrillo (en aquellos años, se permitía fumar en las aulas).

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Octubre 30, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Universitaria Artes, Club Antares Valladolid, Club juvenil Prados, Club juvenil Trechel, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei | | 1 comentario

Como coaccioné para que una adolescente, se hiciera del Opus Dei

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Madreselva 

Buenos días buena gente!

En un intento de esclarecer la verdad de los hechos, hoy voy a contaros como “pitó” conmigo, es decir, pidió su admisión al Opus Dei, la única persona a que coaccioné para que entrara en la Obra (y no diré “gracias a Dios”, aunque sea la única, pues esta responsabilidad sigue pesando sobre mi conciencia).

Vivía en un club de bachilleres. El grupo al que impartía formación, eran chiquitas de lo que antes era COU, es decir, 17-18 años. Varias se habían hecho ya numerarias los años anteriores, desde los 14. Eran una monada de crías, simpáticas y nobles como ellas solas. Yo “amigué” con una niña, de su misma clase del cole y amiga del resto, que en pocos meses pasó a convertirse en un “objetivo pitable”. Aunque a mis 22 me sentía casi su madre, pues ella tenía 17 (fi-ja-te-tú), teniamos muy buen feeling. Mi “pitable” en cuestión, era una empollona obsesiva. Tenía unos ragos de perfeccionismo académico, que le hacían sufrir y llorar frente a los notables acaecidos en su expediente. También era una niña de una inseguridad enfermiza. Pero era todo corazón y tenía unos padres con bastante pasta.

Total, que cada cual analice las causas posibles, pero desde la dirección del centro me dijeron: “a por ella”. Y fuí a por ella: ¡mi primera pitable real!. Fíjate que ilu. Total, que un día, encontrado el momento propicio, le casqué el consabido “tienes vocación de numeraria al Opus Dei, es una predilección especialísima de Dios por ti, tienes la oportunidad de hacer con tu vida lo más grande de este mundo”, etc, etc, todos argumentos de lo más disuasorios. Se me puso a llorar, pues la pobre veía acercársele el marrón desde hacía tiempo, y no paró en semanas. Entonces yo me empecé a preocupar. La vi tan agobiada, desborda por una situación, que cualquiera con las mínimas nociones de psicologías comprendería que le quedaba grande… que empecé a informar a los directores para que desmontaran “el sarao”, pues no consideraba muy festiva ni abocada a un final feliz dicha la situación. Yo tenía 22 años. Una pipiola, aprediz del “verdadero arte proselitista”. Y cuando me di cuenta de que mis dires, la dire del centro y el sacerdote, no parecían notar nada extraño, inadecuado en la situación… renuncié a mis propios criterios, siguiendo docilmente los de la dirección (me había vuelto una experta en semejantes docilidades, que aparcaban mi uso de la libertad y la responsabilidad. Era sin darme cuenta, una marioneta encantadora).

Así seguí, y seguí con saña, convencida de mi misión divina, mientras esta niña se iba derrumbando psicológicamente ante mis argumentos “invencibles”. Y llegó el día de escribir la carta para pedir la admisión. Mi pitable lloraba frente al papel. Y la escribió del siguiente modo, diciendo: que, no, que no la escribo. (Al minuto), que si. (Al otro minuto), que no, que no puedo… así alternativamente, en lo que resultaba un triste espectáculo y todo ello sin dejar de llorar. Y yo venga, erre que te erre. Solo me faltaba escribirla por ella. Como cualquiera puede comprender, una decisión del calado de entregar una vida no “vale” tomarla en semejantes condiciones de duda y coacción, por no hablar de las emocionales de la candidata. Una vez firmada la carta, yo ya muy preocupada, fuí a hablar con la directora para explicarte cómo había firmado, que pensaba “que la había coaccionado siguiendo sus intrucciones” pero eso no me “sonaba” que fuera el espíritu de la Obra. Y cual fué mi sorpresa cuando me di cuenta, que tanto directora como sacerdote, no prestaron la menor atención a mis inquietudes, dándome una palmadita en el hombro por mi “buen” trabajo, y más contentos que unas pascuas. Me dijeron que no me preocupara, que todo estaba fantásticamente bien. Y reconozco que su tranquilidad, contagió pronto mi conciencia y si hubiera tenido oportunidad, habría actuado igual con la siguiente. Eso si: con menos escrúpulos.

No sé qué habrá sido de esta muchacha. Al año siguiente, abandonó la casa de sus padres para irse a hacer el centro de estudios a otra ciudad. Era extremadamente compleja de cabeza, inestable emocionalmente y sufría mucho por la educación que había recibido y su carácter. Ojalá dejara pronto la Obra, o en su dirección alguien tuviera la caridad de decirle que “no era lo suyo”. Solo se, que con lo vulnerable que me pareció, los años que estuviera dentro (quizá aún lo está, no lo se) tuvieron que desequilibrarle necesariamente un montón. Una vocación tan exigente y perfeccionista como la de la Obra, era justo lo que no necesitaba.

Y bueno… yo tuve responsabilidad inegable en este estropicio. La anulación de mi libertad interna, se que me exime en buena parte, pero era una persona adulta, pacté con una actuación inadmisible.

¡Así pitan algunas personas!, es mi vivencia. Besos para tod@s,

Madreselva

Octubre 29, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Esla León, Asociación Juvenil Arlanza Burgos, Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Asociación Universitaria Artes, Aula Social, Blogroll, Casa convivencias Aldebarán Simancas, Casa de retiros El Rincón Tordesillas, Club Alcotan Zamora, Club Alfar Salamanca, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Enol Oviedo, Club Ensenada Santander, Club Lendel Palencia, Club Montauca Burgos, Club Naranco Oviedo, Club Niara Valladolid, Club Nieva Avilés, Club Pinar Palencia, Club Prados Valladolid, Club Tempero Valladolid, Club Terral Salamanca, Club Torla Oviedo, Club Trechel Valladolid, Club juvenil Cerroalto, Club juvenil Niara, Club juvenil Prados, Club juvenil Tempero, Club juvenil Trechel, Club universitario Antares, Colegio Alcazarén Valladolid, Prelatura Opus Dei, Colegio Internacional Campolara Burgos, Colegio Los Robles Asturias, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Mayor Peñafiel, Prelatura Opus Dei, Colegio Montessori Salamanca, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Peñalba Valladolid, Colegio Peñamayor Asturias, Colegio Pinoalbar Valladolid, Colegio Torrevelo Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Colegio de Fomento, Colegios Mayores Universitarios, Prelatura Opus Dei, Crisis Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Documentos Internos Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Escuela Deportiva Niara, Prelatura Opus Dei, Escuela de Hostelería Alcazarén, Prelatura Opus Dei, Ex miembros del Opus Dei, ExOpus, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Obra corporativas Prelatura del Opus Dei en Valladolid, Opus, Opus Dei, Opus Dei Asturias, Opus Dei Burgos, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei España, Opus Dei Gijón, Opus Dei León, Opus Dei Oviedo, Opus Dei Palencia, Opus Dei Salamanca, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Dei Zamora, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei, Problemas psiquiátricos, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Sacerdote Antonio Petit Pérez (Opus Dei), Secta, Sectas Destructivas, Universidad de Valladolid, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | Aún no hay comentarios

La coacción a los adolescentes en la doctrina de Escrivá

Publicado originalmente en OpusLibros.org 

Agustina

El día 19 de marzo, San José, se celebra en España ‘el día del padre’. No sé si sucede en otros países. Me refiero al día del padre, padre, al padre real, no al Padre-Fundador. Se suele tener un detalle con él, un obsequio, un pequeño regalo, por parte de los hijos.

La web quiere, con los padres de hijos adolescentes que van por los clubes del Opusdei y con los que tienen hijos ya dentro de la institución, tener también un detalle de cariño con esos padres en particular. ¿Cómo? Ayudándoles a entender la presión ’doctrinal’ que están recibiendo sus hijos.

Se trata de que conozcan la doctrina sobre la familia que imparte la obra y que comprendan que el alejamiento afectivo y efectivo, no es culpa de ellos. Y de paso, que sean conscientes de que sus hijos están sometidos a una coacción que les está llegando en palabras del fundador, “en nombre de Dios” y predicada por sacerdotes del Opus Dei. Y a esas edades, es muy difícil tener criterio para intuir que se utiliza el Evangelio en la captación de “vocaciones”. Y menos aún que si alguien ha sido proclamado santo con tal doctrina, (doctrina que ignora la Iglesia puesto que esas meditaciones internas no tienen el obligado “Nihil obstant”), no se ajuste al Magisterio de la Iglesia.

Por eso, publicamos una meditación de Escrivá titulada “El Niño perdido y hallado en el templo”. Fue dictada en 1937, lo cual podría parecer que hace años de eso y que las cosas ya no son así. Pero no hay que engañarse: esa meditación, vio la luz en 1997, cuando se envió junto a otras más, en un tomo titulado “Crecer para adentro”, a todos los centros de la Obra.

Felíz día de San José para los padres, padres.

El Niño perdido y hallado en el templo

Octubre 26, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Esla León, Asociación Juvenil Arlanza Burgos, Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Asociación Universitaria Artes, Aula Social, Blogroll, Casa convivencias Aldebarán Simancas, Casa de retiros El Rincón Tordesillas, Club Alcotan Zamora, Club Alfar Salamanca, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Enol Oviedo, Club Ensenada Santander, Club Lendel Palencia, Club Montauca Burgos, Club Naranco Oviedo, Club Niara Valladolid, Club Nieva Avilés, Club Pinar Palencia, Club Prados Valladolid, Club Tempero Valladolid, Club Terral Salamanca, Club Torla Oviedo, Club Trechel Valladolid, Club juvenil Cerroalto, Club juvenil Niara, Club juvenil Prados, Club juvenil Tempero, Club juvenil Trechel, Club universitario Antares, Colegio Alcazarén Valladolid, Prelatura Opus Dei, Colegio Internacional Campolara Burgos, Colegio Los Robles Asturias, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Mayor Peñafiel, Prelatura Opus Dei, Colegio Montessori Salamanca, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Peñalba Valladolid, Colegio Peñamayor Asturias, Colegio Pinoalbar Valladolid, Colegio Torrevelo Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Colegio de Fomento, Colegios Mayores Universitarios, Prelatura Opus Dei, Crisis Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Documentos Internos Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Escuela Deportiva Niara, Prelatura Opus Dei, Escuela de Hostelería Alcazarén, Prelatura Opus Dei, Ex miembros del Opus Dei, ExOpus, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Obra corporativas Prelatura del Opus Dei en Valladolid, Opus, Opus Dei, Opus Dei Asturias, Opus Dei Burgos, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei España, Opus Dei Gijón, Opus Dei León, Opus Dei Oviedo, Opus Dei Palencia, Opus Dei Salamanca, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Dei Zamora, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei, Problemas psiquiátricos, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Sacerdote Antonio Petit Pérez (Opus Dei), Secta, Sectas Destructivas, Universidad de Valladolid, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | Aún no hay comentarios

Las puertas del Opus Dei, de verdad ¿abiertas para salir?

Publicado originalmente en OpusLibros.org 

Ottokar

Desde que esta web apareció en internet, algunas personas pertenecientes al Opus Dei, manifestando sentirse firmemente dentro de la Obra, han escrito correos mostrando una actitud dialogante y comprensiva hacia los exmiembros que escriben en la web.

Recuerdo los correos de Aurora Pimentel (12-8-2003), de Javier Canals (14-1-2004 y días subsiguientes), y el más reciente de Ana Azurmendi. (1-6-2004). Asumiendo una aplicación estricta de la praxis del Opus Dei, (ver Vademecum del Apostolado de la Opinión Pública, pag.35, “Revisión y aprobación de artículos“) deberíamos pensar que los citados correos fueron revisados por el Consejo local, si bien estoy dispuesto a aceptar que dada, la experiencia de las personas citadas, fueran autorizados a escribir, y confiando en su “buen criterio y formación”, sus escritos no fueran revisados.

De la actitud comprensiva hacia los exmiembros que se manifiesta en los citados mensajes, y de la aceptación de la necesidad de mejorar cosas dentro de la Obra, parece desprenderse la posibilidad para los exmiembros de un camino fuera del Opus Dei. En particular, Ana Azurmendi indica “el Opus… es un camino, uno más entre los 6.000 millones que seguramente existen en esta vida, de encuentro con Dios”.

La coacción, como praxis habitual e institucional, hacia los miembros que manifiestan su deseo de dejar la Obra, y que se plasma en la amenaza de “perder la felicidad terrena y tal vez la eterna”, constituye una de las prácticas más escandalosas y más graves dentro de todas las que se han ido denunciando en esta web por parte de exmiembros.

La prueba de esa práctica la constituyen los numerosos testimonios, expuestos en esta web, de quienes sufrieron esa experiencia de coacción, y que sin haber mantenido contacto entre ellos, y habiendo vivido su experiencia en países y épocas muy diferentes, coinciden en los aspectos fundamentales de esa experiencia. La difusión de los documentos internos que recogen criterios de actuación, (ver Vademecum de los Consejos locales, pag. 53-54), de textos para el adoctrinamiento de los miembros (cfr. “El error irreparable“), y de citas del fundador (cfr. La barca del Opus Dei), corrobora el carácter institucional de este tipo de actuación.

Para los miembros que, como los citados arriba, aceptan que para los exmiembros hay otros caminos fuera del Opus Dei, la constatación del carácter institucional de la práctica de la coacción necesariamente parece que debería generar un gravísimo conflicto interior entre su visión, basada en la libertad que Dios concede a cada hombre para la elección de su camino hacia El, y la constatación de que la institución califica al abandono de la Obra como una auténtica traición a Dios.

Desconozco cual es el mecanismo psicológico que puede permitir a una persona mantener abierto durante años dentro de su mente un conflicto como éste. Creo, sin embargo, que no puede mantenerse por mucho tiempo, so pena de derivar en una alteración psicológica seria. Por ello, lo que habitualmente habrá de ocurrir es que finalmente la persona se decante por una de las dos opciones: a) o bien romper interiormente con la institución (el marcharse o no puede estar condicionado por otros factores), o bien interiorizar de forma profunda la tesis de que, efectivamente, marcharse del Opus Dei significa falta de amor a Dios.

Esta identificación de fidelidad a Dios con fidelidad al Opus Dei, aunque constituya una auténtica barbaridad, es aceptado como “evidente” por quienes lo han interiorizado de forma profunda.

Como ejemplo de ello transcribo un párrafo del libro de Pilar Urbano, “El hombre de Villa Tevere” (pag. 303). Dice, refiriéndose al fundador:

- Esa otra expresión, tantas veces repetida, ‘¡sedme fieles!’, oyéndosela a él, y en el contexto que le circunda, no es en modo alguno una demanda de fidelidad hacia su persona, sino de fidelidad a la vocación divina: a Dios, en primera, y última y única instancia. Así lo entienden todos. Así lo entienden siempre.

Carlos Cardona recuerda cómo un día de los años cincuenta, entre 1955 y 1957, el Padre les habla de fidelidad: ‘A este propósito, nos cuenta que ha recibido una carta de uno que no quiere perseverar y que le pide la salida de la Obra. En esta carta le dice que, a pesar de tal determinación, le quiere mucho… El Padre ha comentado, con expresión de honda tristeza: ‘Más valía que me quisiera menos a mí, y más a Jesucristo’ Ese es el sentido cabal del ‘¡Sedme fieles!’ -

Del texto anterior me parece interesante analizar varios puntos:

a) Aceptando la aclaración que hace Pilar Urbano de que la utilización de la partícula “me” en “Sedme fieles”, no significa fidelidad a la persona del fundador, sino que se utiliza en forma posesiva (como la madre que dice “el niño me duerme muy bien…”), lo qué sí queda claro, sin embargo, es que el fundador entiende esa “fidelidad a Dios -en primera y última y única instancia – “como fidelidad a “la vocación divina” que identifica con la perseverancia en el Opus Dei. Por eso al referirse a la persona que le ha pedido salir de la Obra se refiere a él diciendo ‘Más valía que me quisiera menos a mí, y más a Jesucristo‘. Identifica claramente el irse de la Obra con falta de amor a Jesucristo.

b) Que una periodista como Pilar Urbano, en su deseo de demostrar que el fundador no pedía fidelidad a su persona sino a Jesucristo, escriba lo anterior sin ruborizarse y sin darse cuenta de la barbaridad que constituye lo que cuenta, muestra hasta qué punto el proceso de adoctrinamiento es efectivo en el objetivo de lograr la identificación “fidelidad a Dios = perseverancia en el Opus Dei”.

c) No puedo juzgar la intención de Carlos Cardona cuando relató la anécdota citada. Ahora bien, si la intención es similar a la que muestra Pilar Urbano al recordarla, demuestra que hasta los metafísicos de la Obra parece que perdieran la cabeza cuando se trataba de ensalzar las virtudes del fundador.

Fidelidad a Dios significa perseverancia en el Opus Dei. Este es el mensaje del fundador y el que la institución transmite continuamente. Ante esta realidad, conviene volver a releer la cita del libro sobre sectas de Steve Hassan que hace E.B.E. en su escrito “La Obra como secta“:

“El último criterio para juzgar a un grupo es la libertad de marcharse de los adeptos. En otras palabras, los miembros de las sectas destructivas son prisioneros psicológicos. Como ya he mencionado antes, las sectas destructivas implantan fobias en las mentes de sus seguidores para fomentar el temor a abandonar el grupo.

Los grupos legítimos tratan a los individuos como adultos, capaces de determinar qué es lo que más les conviene. A pesar de que todas las organizaciones intentan retener a sus afiliados, los grupos legítimos nunca llegan a los extremos de controlar a sus miembros por medio del terror y el sentimiento de culpa como hacen las sectas destructivas.”

Realmente y en conciencia, pregunto a los miembros de la Obra que escriben de buena fe: ¿están las puertas abiertas para salir?

Octubre 25, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Esla León, Asociación Juvenil Arlanza Burgos, Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Asociación Universitaria Artes, Aula Social, Blogroll, Casa convivencias Aldebarán Simancas, Casa de retiros El Rincón Tordesillas, Club Alcotan Zamora, Club Alfar Salamanca, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Enol Oviedo, Club Ensenada Santander, Club Lendel Palencia, Club Montauca Burgos, Club Naranco Oviedo, Club Niara Valladolid, Club Nieva Avilés, Club Pinar Palencia, Club Prados Valladolid, Club Tempero Valladolid, Club Terral Salamanca, Club Torla Oviedo, Club Trechel Valladolid, Club juvenil Cerroalto, Club juvenil Niara, Club juvenil Prados, Club juvenil Tempero, Club juvenil Trechel, Club universitario Antares, Colegio Alcazarén Valladolid, Prelatura Opus Dei, Colegio Internacional Campolara Burgos, Colegio Los Robles Asturias, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Mayor Peñafiel, Prelatura Opus Dei, Colegio Montessori Salamanca, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Peñalba Valladolid, Colegio Peñamayor Asturias, Colegio Pinoalbar Valladolid, Colegio Torrevelo Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Colegio de Fomento, Colegios Mayores Universitarios, Prelatura Opus Dei, Crisis Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Documentos Internos Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Escuela Deportiva Niara, Prelatura Opus Dei, Escuela de Hostelería Alcazarén, Prelatura Opus Dei, Ex miembros del Opus Dei, ExOpus, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Obra corporativas Prelatura del Opus Dei en Valladolid, Opus, Opus Dei, Opus Dei Asturias, Opus Dei Burgos, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei España, Opus Dei Gijón, Opus Dei León, Opus Dei Oviedo, Opus Dei Palencia, Opus Dei Salamanca, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Dei Zamora, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei, Problemas psiquiátricos, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Sacerdote Antonio Petit Pérez (Opus Dei), Secta, Sectas Destructivas, Universidad de Valladolid, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | Aún no hay comentarios

De rezos y profecías en el Opus Dei

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Agustina López de los Mozos

Desde un pueblo cercano a aquél del que Miguel de Cervantes no quería acordarse (algunos expertos quijotistas lo sitúan en Villanueva de los Infantes, Ciudad Real), he leído la actualización del lunes. Amandus, te envío un abrazo muy cariñoso por la pérdida de tu hermano y cuenta con nosotros para lo que necesites.

La pregunta de si seguimos rezando (Max, 20-X-06) los que fuimos de la Sociedad (Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y Opus Dei), pensé -cuando la leí- que se trataba de sana curiosidad. Con las deducciones del pasado lunes (Max, 23-X-06) en base a lo que te contestaron, pienso ahora que no era una pregunta inocente. Perdona si parezco un poco dura o soy demasiado sincera, tampoco te lo tomes como algo personal; es mi respuesta a los católicos “oficiales” que en privado o en público se dirigen a la web para que “volvamos al buen camino”.

Da igual si rezamos o no, porque el tema de la web es el opusdei, no la vida interior de cada uno. Por eso no somos una web confesional que da doctrina para que vayamos al Cielo, ni organizamos viajes para aplaudir al Papa, ni aquí se calibra en mejor o peor persona a la que reza de la que no. Tampoco un testimonio es más creíble (lo explica mejor que yo E.B.E. en su escrito “Rezar después de irse“) porque su autor vaya a Misa todos los días que el de quien ha dejado de ir. En esta web importa la ‘experiencia opus’ que conlleva secuelas psíquicas, físicas, morales e incluso económicas, e importa recomponerlas, importa que otros no pasen por lo mismo: que la estafa no se repita, porque nadie -rece o no rece- merece que sus derechos humanos más elementales, sean pisoteados…

No es tema menor juzgarnos a los ex miembros del Opusdei según sean nuestras relaciones con Dios. Se ignora que sólo Dios puede ser juez justo e imparcial, ya que sólo él conoce el corazón humano. No es un tema menor porque, por ejemplo, en la Causa de Beatificación de Escrivá (donde el opus fue juez, testigo y parte), se justifica como motivo de exclusión de los testigos ‘críticos’ -la mayoría, ex miembros de la obra- porque “el recto sentido de la justicia confirma siempre la certeza de que en nada puede servir a la verdad quien no duda en ofender a la fe”. (Documento de exclusión de importantes testigos). Y esa frase va dirigida a María Angustias Moreno, María del Carmen Tapia, Miguel Fisac, Antonio Pérez Tenessa y María Jesús Hereza, entre otros. Alguien que haya leído los libros o artículos de estos ex numerarios y ex numerarias jamás podrá afirmar que no dudan en ofender a la fe. Ninguno de ellos abjura de su fe. Critican al Opusdei y cuentan lo que vivieron junto al fundador, pero no dijeron ni escribieron absolutamente nada en contra de la fe. Los “jueces” de la Causa llegan a la conclusión de que sus testimonios no son válidos, no por lo que afirmaban -que ni los escucharon-, sino porque saben que critican al fundador y al Opusdei, y eso lo equiparan con “ofender a la fe”. Y para reafirmarse en su ofuscación, vienen a decir que qué se puede esperar de una que es lesbiana, de otro que se secularizó y se casó por lo civil, de otro que estaba en tratamiento psiquiátrico, de otra que manifiesta una evidente hostilidad contra el Opus Dei… Y no ven que tiene delante a un Secretario General de la Obra y también Consiliario de España; a la Secretaria General de la Asesoría de Venezuela que también fue miembro de la Asesoría central (Roma); a uno de los “primeros” (1935-1956) con los que Escrivá hizo el famoso “paso de los Pirineos, ni a una numeraria con años de servicio en consejos locales y en el trabajo de la administración… (Pronto colocaremos en la web el sumario de la Causa con las acusaciones de Javier Echevarría hacia cada uno de los que intentaron testificar).

A nosotros se nos pregunta si continuamos rezando; después, si nos mortificamos. Y luego habrá de seguir el interrogatorio y la obtención de datos para demostrar que con nuestras vidas “no dudamos en ofender la fe”: que si divorciados, que si madres solteras, que si casados civilmente, que si sacerdotes numerarios y agregados secularizados, que si gays o lesbianas, que si enfermos de sida (de cáncer no, de sida), que si con tratamiento psiquiátrico… Algo tiene que haber en nuestra contra para desacreditar nuestros testimonios críticos con la obra y la institución “lo encuentra” o si no, se lo inventa.

Esa falsa acusación es el error manido tan en boca de la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz (también llamada Opus Dei), el que da pie a uno de sus slogan favoritos tras el que se parapetan: “Quien critica al Opus Dei ataca a la Iglesia”. Quien critica al fundador de los Legionarios de Cristo, por ser un pederasta, no está criticando a la Iglesia. Quien critica al opusdei por no guardar la confidencialidad en la dirección espiritual (ya no solo es una denuncia verbal de los ex miembros, se trata de una afirmación que consta en su propio documento interno “El silencio de oficio“), no está criticando a la Iglesia sino que está diciendo la verdad. Y esa crítica es necesaria porque además de ir en contra del Magisterio de la Iglesia -piedra de escándalo para los creyentes-, está recogida en el Código Penal -piedra de escándalo para el sentido común y la Justicia- y reñida con la ética y la moral.

Quiero hacer una referencia a María Jesús Hereza, ex numeraria, que he citado anteriormente entre los excluidos a testificar sobre la Causa de Escrivá, para que conozcamos algo sobre ella. Lo considero un deber de justicia y una reparación por lo que la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz (también llamada Opus Dei),  la injurió. Es un breve recorte de prensa:

Más sobre la beatificación de Escrivá

María Jesús Hereza es una de las personas a las que, según el reportaje Un santo contrarreloj de EL PAÍS (domingo 12 de abril), los tribunales eclesiásticos no quisieron escuchar cuando se trató de recabar opiniones a favor o en contra de la beatificación del fundador del Opus Dei. No se me ocurre cuáles pudieron ser las razones para rechazar su testimonio, pues no sólo estuvo muy cerca y al servicio de Escrivá de Balaguer en una etapa de su vida, sino que fue una de las personas más íntegras que en mi ya larga vida he conocido. Agnóstico como soy, María Jesús Hereza me hizo más de una vez pensar que sí, que había santos. La recuerdo siempre sonriente, haciendo el bien, y así deben recordarla muchos de sus pacientes de Leganés, donde, ya retirada del Opus Dei, practicó la medicina y la caridad con tan generosa dedicación que los vecinos de aquella localidad pidieron y obtuvieron que se diese su nombre a un centro de salud que poco después de su muerte se inauguró allí.

Muchas veces he pensado que la fe no cambia la naturaleza de los que creen, pero sí potencia lo que de bueno o malo haya en ellos y que así como a los que son de mala condición los hace peores porque los hace hipócritas, a los que son como María Jesús Hereza los hace lo que decimos santos. Repito que no se me ocurre lo que pudiera haber contra ella para rechazar su testimonio a la hora de hablar de santidad.

Pablo Ortega Mateos

El País, 29-04-1992

Y llegamos a las “profecía de Escrivá” dirigida a los que dejamos la obra (Max 23-X-06). Efectivamente, el fundador investido de no se sabe qué revelación divina, no fue capaz sólo de amenazar con el infierno y con el abismo a quienes abandonaran su fundación, sino que se atrevió a dejar para la Historia y para el acervo de frases célebres, la siguiente: “¿y que me importa que me quieran a mí si no quieren a Dios nuestro Señor?” Frase que pronuncia cuando lee la carta de alguno de sus “hijos” pidiendo la dispensa. (Don Álvaro, Cartas de familia (1), n. 2. (Cfr. Cuadernos 11, pags 10-11). De nuevo el juicio temerario, la equiparación herética, el mismo error: “dejar la fundación = no querer a Jesucristo”, “dejar la obra = perder la fe”; “dejar la obra = dejar de rezar, dejar de creer, la perdición, la infelicidad de la vida terrena y probablemente de la eterna”… O sea, que los que dejamos la obra no somos de fiar. Esta es otra “herencia” de las enseñanzas de Escrivá, que la institución se ha encargado de repetir y propagar. Al preguntador no le gustaría que tuviera razón el fundador y “se alegra” de que recemos: esa sería la prueba de que somos buena gente.

Sobre las profecías de Escrivá habría mucho que hablar porque no acertó ni una. Yo cambiaría la palabra “profecía” por “refinada perversión”, expresión que se puede leer más adelante. Una de sus “refinadas perversiones” se la dedicó a Miguel Fisac, yo la escuché en persona de labios del arquitecto manchego. Ignacio Carrión la recogió en el diario “El País”:

Mártires

IGNACIO CARRIÓN

EL PAÍS – 23-04-1992

El arquitecto Miguel Fisac escribió días atrás en este periódico un artículo en torno a la beatificación del fundador del Opus Dei. Fisac perteneció a la obra durante 20 años. Un buen día la abandonó. A raíz de ello, los altos mandos de la organización religiosa convirtieron su fuga en una tocata insufrible de coacciones y golpes bajos dirigidos a quien sólo pretendía alejarse de ellos. Un hecho recordado por Miguel Fisac estremece por su refinada perversión. Cuando su hija de seis años murió, aparecieron el día del entierro en su casa dos sacerdotes del Opus que, en lugar de rezar un responso y decirle unas palabras de consuelo, hicieron extraños aspavientos y le dieron a entender, en voz baja, que esa muerte era una de las desgracias merecidas por el socio al haber abandonado el dichoso club. “Miguel va a sufrir mucho y va a ser un desgraciado”, le había augurado con sobrenatural clarividencia el fundador del Opus en una carta dirigida a Fisac a través de su confesor.

No es de extrañar que el proceso acelerado de beatificación de Escrivá, en cuyos escritos, según denuncia Fisac, abundan las falsedades y mentiras sobre la vida del disidente, se considere polémico. Convendría averiguar si también es injurioso.

Me pregunto: ¿Serán piruetas como ésta las exigidas para que el varón brinque del suelo al altar sin que se le enreden las faldas de la sotana? ¿Será prueba irrefutable de milagro la paciencia de santo Job que ha demostrado Miguel Fisac y, con él, otros emancipados y después hostigados por la guardia pretoriana de monseñor?

Sería encomiable que, si esto es así, el Vaticano no sólo beatifique a monseñor Escrivá, sino que canonice también a los numerosos mártires de su pintoresca cofradía, en el mismo acto y a la misma hora.

Me parece que sería igual de improcedente establecer mi juicio sobre la honestidad y sinceridad de quienes quieren llevarnos al buen camino, si les repreguntara y me respondieran cuántas veces pecan contra la pureza a la semana, si solo o en compañía de otros. Así que no lo pregunto porque, como se despide el capitán Rhett Butler en “Lo que el viento se llevó”: sinceramente, me importa un bledo.

Abrazos,

Agustina López de los Mozos

Octubre 24, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Esla León, Asociación Juvenil Arlanza Burgos, Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Asociación Universitaria Artes, Aula Social, Blogroll, Casa convivencias Aldebarán Simancas, Casa de retiros El Rincón Tordesillas, Club Alcotan Zamora, Club Alfar Salamanca, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Enol Oviedo, Club Ensenada Santander, Club Lendel Palencia, Club Montauca Burgos, Club Naranco Oviedo, Club Niara Valladolid, Club Nieva Avilés, Club Pinar Palencia, Club Prados Valladolid, Club Tempero Valladolid, Club Terral Salamanca, Club Torla Oviedo, Club Trechel Valladolid, Club juvenil Cerroalto, Club juvenil Niara, Club juvenil Prados, Club juvenil Tempero, Club juvenil Trechel, Club universitario Antares, Colegio Alcazarén Valladolid, Prelatura Opus Dei, Colegio Internacional Campolara Burgos, Colegio Los Robles Asturias, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Mayor Peñafiel, Prelatura Opus Dei, Colegio Montessori Salamanca, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Peñalba Valladolid, Colegio Peñamayor Asturias, Colegio Pinoalbar Valladolid, Colegio Torrevelo Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Colegio de Fomento, Colegios Mayores Universitarios, Prelatura Opus Dei, Crisis Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Documentos Internos Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Escuela Deportiva Niara, Prelatura Opus Dei, Escuela de Hostelería Alcazarén, Prelatura Opus Dei, Ex miembros del Opus Dei, ExOpus, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Obra corporativas Prelatura del Opus Dei en Valladolid, Opus, Opus Dei, Opus Dei Asturias, Opus Dei Burgos, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei España, Opus Dei Gijón, Opus Dei León, Opus Dei Oviedo, Opus Dei Palencia, Opus Dei Salamanca, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Dei Zamora, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei, Problemas psiquiátricos, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Sacerdote Antonio Petit Pérez (Opus Dei), Secta, Sectas Destructivas, Universidad de Valladolid, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | Aún no hay comentarios

La historia amarga de una numeraria del Opus Dei

Autora: Agustina López de los Mozos Muñoz
Publicado en la revista Marie Claire en diciembre de 1988

Hablar sobre el Opus Dei ha sido tabú, y me imagino que lo seguirá siendo durante muchos años. Sin embargo, yo quiero hacerlo. Me da igual que la Obra sea poderosa, me da igual que me haya engañado o que yo no fuera lo suficientemente despierta como para preguntar cosas que pregunté demasiado tarde. Me da igual que ellos sean los mejores y que yo tenga tantas cosas todavía que aprender. Sobre lo que cuento a continución tengo la conciencia lo suficientemente tranquila como para que nadie se rasgue las vestiduras, porque si lo hace, o no conoce el Opus Dei, o es un hipócrita. Nadie podrá demostrar que es falso nada de lo que digo, porque lo he vivido en mi propia carne y lo cargo a las espaldas, como una experiencia que me deparaba el destino cuando no era más que una mujer joven, con inquietudes y con ganas de ser mejor.

Me hice del Opus Dei a los 17 años. Quizá debería usar la terminología característica de la Obra y decir que pedí la admisión como asociada numeraria cuando tenía 17 años. Me fui, mejor dicho, me escapé, a los 24 y volví a ser una persona corriente. Para ellos, desde entonces, soy otro Judas. Es cuestión de matices.

Conocí la fachada exterior del Opus Dei (la interior, la real, me costó años, sangre y muchas lágrimas) por esas cosas imprevisibles que tiene el destino. Jugaba en un equipo de baloncesto y alguien organizó un partido amistoso contra un Colegio Mayor llamado Zurbarán. En principio, todo normal: llegamos y ganamos. Lo digo sin jactancia, porque el equipo que presentaba Zurbarán era un grupo de chicas con muy buena voluntad, pero de dudosos conocimientos baloncestísticos. Cuando nos íbamos a ir, habían preparado una pequeña merienda para agradecernos la visita. Y nos quedamos tomando unos refrescos, mientras las que habían jugado contra nosotras y otras más que se habían apuntado al festejo iniciaron todo tipo de conversaciones con el apostólico fin de conseguir el número de teléfono de cada una. Y para no extenderme en detalles, la persona que se hizo con mi número de teléfono consiguió, seis meses después, que me pasara por el despacho de la directora del Colegio Mayor para escribir una carta al Padre.

-¿Tienes pluma?
-No.
-Toma la mía. Al Padre le gusta que escribamos con pluma. No te olvides de poner textualmente: “deseo pedir la admisión como asociada numeraria.”
-¿Cómo empiezo? ¿Excelentísimo Padre?, ¿Monseñor Escrivá?…
-¡Qué cosas tienes tan graciosas! No, ¡ja, ja,ja! Empieza simplemente con “Querido Padre”… A un Padre se le trata con confianza.

Y me dejó sola. Cuando terminé salí del despacho con la carta en la mano y se la entregué.

-¿Estás segura de lo que has hecho?
-Sí… Si tengo vocación, como me decís, para ser una persona corriente en medio del mundo, intentando santificarme con mis estudios, con mi trabajo… y si Dios me lo pide, no voy a echarme atrás.
-¡Estupendo! -dijo, mientras me abrazaba-, y como ya eres de casa, “¡Pax!”; es el saludo que tenemos entre nosotros.
-Pues, ¡Pax!, dije yo.
-No. Tú tienes que contestar “In aeternum”.
-¿Cómo?
-”In aeternum.” Ahora bájate al oratorio un rato.

Ya era de la Obra. Bajé al oratorio y, en los últimos bancos, de rodillas, con la cara entre las manos, empecé a rezar: “no he querido ser como el joven rico del Evangelio, que se volvió a su casa dándote la espalda cuando tú le pediste que te siguiera. Si de verdad me has dado vocación para ser del Opus y me pides que deje a mis padres, que renuncie a casarme y a tener hijos, aquí estoy para lo que quieras.”

Cuando levanté los ojos, ensimismada en lo que acababa de hacer, noté cómo algunas cabezas se volvían hacía mí, con sonrisa incluida. No encontré la relación entre haber pedido la admisión y el repentino regocijo de las que me miraban. Al salir de oratorio fui rodeada y abrazada por un montón de chicas que me felicitaban por haberme hecho de la Obra. ¿Es que eran también todas de la Obra?. ¿Pues no me habían dicho que era un Colegio Mayor como tantos otros, en el que, eso sí, había “alguna” numeraria entre tanta residente? .¿Y cómo lo sabían, si yo no había hablado más que con el sacerdote y con una directora? ¡Cómo! ¿Todas mis angustias, mis cavilaciones, mi interioridad, que yo había confiado a esas dos personas eran “vox populi”? Creí que me iba a caer al suelo cuando una de ellas me dio una palmada en la espalda, mientras me decía a voz en grito: “¡Por fin, hija, parecía que no ibas a “pitar” nunca…! ¡Lo que hemos rezado por ti!” Una media sonrisa se me heló en los labios, intentando no ser descortés ante tanta felicitación. ¿De qué me estaban hablando? ¿Acaso me habían contado todas ellas sus respectivas vidas antes de enterarse de la mía? ¿”Pitar”? ¿Qué era “pitar”? Me sonaba fatal. Me lo explicaron después. “Pitar” formaba parte del argot particular del Opus Dei. La palabra la había puesto de moda el Padre, Monseñor Escrivá de Balaguer, en los primeros años de la Obra, cuando se dirigía a alguno y le preguntaba por el amigo con el que estaba haciendo apostolado: “qué, ¿y fulanito?, ¿pita o no pita?”; lo que equivalía a preguntar: ¿cae o no cae?, ¿pica o no pica?, ¿se hace de la Obra o no se hace?

Pasaban los días y me iba enterando de las cosas a las que me había comprometido. Había muchísimas normas y costumbres que, por el hecho de ser numeraria, tenía que empezar a vivir y a asimilar. Pero a nadie se le ocurrió contármelas antes de escribir la carta, no porque se les olvidara, sino porque es el método a seguir. Sólo tenía claro que la vocación al Opus Dei “es santificarse en medio del mundo, sin hacer cosas raras, viviendo como una persona más”. Poco a poco me iba dando cuenta de que lo de no hacer cosas raras era un concepto que no entendíamos de la misma forma, y lo de seguir siendo una persona corriente era más una broma de dudoso gusto que una realidad. Y, así, fueron explicándome, y otras veces me fui dando cuenta yo sola, poco a poco, durante años, lo que para el Opus Dei supone ser una “persona corriente que no hace cosas raras”.

Ya me chocó un poco que un par de días antes de “pitar” me dijeran que tenía que hacerme un reconocimiento médico. ¿Qué tenía que ver mi estado de salud para ser de la Obra? ¿Lo importante no era tener vocación? ¿O es que si descubrían piedras en el riñón, la vocación pasaba a ser una decisión en manos del médico? “Esta joven tiene arritmias; olvidaros de todo lo que le habéis contado; no puede ser de la Obra”… ¿Gracioso, no? La razón de este trámite es no cargar con una persona, aparentemente joven y sana, que al poco tiempo de hacerse de la Obra se le descubra algún tipo de enfermedad más o menos grave, porque tendrían que cuidar de ella, y la Obra no quiere enfermos prematuros, aunque dos días antes del reconocimiento médico tuvieran “claro” que tenía una vocación como un castillo. A mí no me encontraron nada. Eso sí, me aconsejaron que no dijera nada en mi casa de lo del médico. Había que ser discreta. ¿Qué les interesa a tus padres este detalle? No entenderían nada y ¿para qué les vas a dar motivos para preocuparse?… Es un puro trámite.

Lo único que me dijeron antes de escribir la carta fue que las numerarias no usaban pantalones y no fumaban. Las dos cosas me costaban mucho y ahí se me empezaban a romper los esquemas de “mujeres corrientes”. Ponerse pantalones y fumar no es ningún pecado. Pregunte el porqué. Me dijeron que las mujeres estaban más elegantes con faldas y que lo de fumar no le gustaba nada al Padre, aunque los chicos sí pudiesen hacerlo.

-¿Y por qué los numerarios sí pueden?
-Porque los hombres necesitan ciertas compensaciones. Una mujer puede pasar perfectamente sin fumar, pero un hombre es distinto.
-¿Y por qué es distinto?
-Mira, esto entra dentro de la entrega que supone la vocación. Dios nos lo pide. Además, si vas a entregar toda tu vida a la Obra, ¿te vas a echar para atrás sólo porque no puedas fumar? Me parece muy pobre. Acuérdate de ese punto de “Camino”: “No vueles como un ave de corral, cuando puedes volar como las águilas…”
-Perdona, pero no le encuentro relación.
-Ya la encontrarás con el tiempo, y no seas pesada. Esas cosas nos las pide Dios, y se acabó.

Como pude me fui haciendo a la idea de que ya no era una persona “normal”, por mucho que se empeñaran en repetirlo una y otra vez. Cada cosa nueva que me contaban para que la empezara a vivir me alejaba de la concepción que yo tenía de la normalidad.

Una tarde entré en la habitación de una numeraria y, como no había más que una silla, me senté en la cama. Sentí un golpe seco. ¿Era yo? ¿En dónde me había sentado? La numeraria que estaba conmigo se rió.

-¿Te has hecho daño?
-Un poco. Pero ¿qué clase de cama es ésta?
-Pues, verás, las numerarias dormimos encima de una tabla, sin colchón, y tienen una altura determinada que al taparse con la colcha dan un aspecto de cama normal, por si pasa alguien que no sea de la Obra.
- ¿Y por qué se duerme en una tabla?
- El Padre dice que las mujeres necesitan meter el cuerpo en vereda, que no hay que darle ciertas comodidades porque es fuente de tentación.

Levanté la colcha y, efectivamente, sobre una tabla había una manta que hacía las veces de colchón. Encima se ponía la sábana.

El primer día que dormí en una tabla pasé la noche en vela. La única postura que admite es la de echarse de espaldas, no puedes darte media vuelta porque se te clavan todos los huesos, y mucho menos dormir boca abajo. Hay que hacerse la idea de que es como dormir en el suelo. Pero, después de varios meses, acabas acostumbrándote. Todavía me faltaba enterarme de otro detalle relacionado con la cama; mejor dicho, con la almohada. Fue en una de tantas charlas, al explicarnos una costumbre de la Obra: el día de guardia. Un día a la semana, cada numeraria se siente responsable, espiritualmente, del resto de las personas de la Obra y para ello tiene que hacer una mortificación especial, además de rezar más de lo habitual. La noche de guardia, la numeraria usa como almohada las guías de teléfono. La combinación tabla-guía de teléfono es una experiencia difícil de explicar.

Otro día, también por casualidad, estando con una numeraria en el despacho en el que trabajaba dentro del Colegio Mayor, vi que sacaba de un armario una lata como de bombones o caramelos. Le dije que si me daba uno, y me dijo que estaba vacía. Sentí que al moverla sonaba. Y como tenía cierta confianza con ella, le pregunté que entonces qué es lo que tenía. Y me respondió con una sonrisa burlona, diciéndome que no debería decírmelo, porque tendría que ser mi directora quien me lo explicara, pero que ya que había surgido el tema… Abrió la caja y sacó como un cinturón bastante raro; era de alambre trenzado, con las puntas sin limar en la parte interior. Y cogiéndolo de una de las dos cintas que tiene a cada extremo, lo alzó, mientras me decía: esto es un cicilio.

-¿Cómo dices?
-Hija, un cilicio. ¿Es que no lo has visto nunca?
-Te prometo que no.
-Pues las numerarias lo usamos dos horas todos los días.

En ese momento no sabia cómo se podía usar un cilicio dos horas al día, porque yo ya había visto a muchas numerarias y a ninguna le había visto ese extraño cinturón.

-Mira, pones la parte de los pinchos en el muslo, a la altura de la ingle, y con las cuerdas de los extremos te lo atas.
-¡No me lo creo!
-Que sí, en serio, es una norma más; dos horas todos los días, menos los domingos y los días de fiesta.
-Pero te lo pondrás flojito, porque esos pinchos…
-Eso ya depende de la generosidad de cada una. Lo normal es que, al ser una mortificación corporal, y ya que hay que hacerla, se haga bien. Te lo tienes que apretar lo más que puedas. Lo llevas puesto debajo de la falda y nadie lo nota.

A partir de entonces me dieron mi cilicio y me lo ponía dos horas cada día. Un día en una pierna, el siguiente en la otra. Cuando me lo quitaba, notaba cómo los pinchos iban arrancándose de la carne, dejándomela llena de pequeñas heridas sangrantes -una por cada pincho-. Al día siguiente usaba el cilicio en la otra ingle, y así dejaba un día de por medio para que se me cicatrizara. Pero nunca acababan de cicatrizar. Lo peor era cuando se acercaba el verano, porque, como tenía piscina el Colegio Mayor, el traje de baño no tapaba suficientemente las heridas. Y no porque todas lo usáramos estaba bien enseñar las marcas de tal penitencia. Por eso, también, las numerarias usan bañadores con faldita -como los de embarazada o como los de nuestras abuelas-. Me acuerdo que durante unas semanas, en lugar de ponérmelo en la ingle, me lo ataba a la cintura. De esa forma las huellas quedaban mejor tapadas y el dolor no era tan fuerte. Me imagino que no sólo se me debió ocurrir a mí, porque en una charla que nos dieron se hizo hincapié en que el cilicio había que llevarlo en la ingle y que nada de inventos raros. Así que no volví a repetir la experiencia de la cintura.

Había que ponérselo dentro de la casa; es decir, que nadie tenía que salir con él puesto a la calle. El motivo que me dijeron es que resultaría bastante chocante si tenía un accidente y alguien me llevaba a un hospital. El peligro de tenerlo puesto en casa era chocarte con alguien por algún pasillo y que, justo, el encontronazo fuera en el sitio donde llevabas el cilicio. En tales situaciones se sonreía muy forzadamente y te acordabas de la familia de quien se había chocado. Sentarse con el cilicio puesto en la ingle tampoco es ninguna tontería. Ahí sí que ya no se te ocurría levantarte por nada del mundo, una vez que habías encontrado la postura. Y todo ello con la mayor naturalidad, sin perder la sonrisa, que es de muy buen espíritu.

Lo de las “disciplinas” me enteré al año y pico de estar en la Obra. Se trata de otra mortificación corporal: un látigo de cuerda que termina en varias puntas. Se usa los sábados, sólo los sábados. Entras al cuarto de baño, te bajas la ropa interior y, de rodillas, te azotas las nalgas durante el tiempo que tarda en rezarse una salve. Yo he de decir que rezaba la salve a cien por hora, porque los latigazos en una zona tan dolorosa dejaban la piel en carne viva por mucho que corrieras en recitar la oración.

Yo ya me había ido de casa de mis padres, no sin bastantes problemas por ello, y vivía en un centro de la Obra. No había día que no me enterara de una “costumbre” o una “norma” que viven las numerarias, y las tienen que vivir hasta tal punto que, si no lo hacen, se tienen que confesar por ello, aunque objetivamente no sea pecado ni falta grave.

-”Es de buen espíritu ducharse siempre con agua fría…”
-Bueno, pero será en verano.
-”En verano y en invierno; si no, ¿qué merito tendría?”

Y después de la noche en la tabla y con la guía telefónica de almohada, en pleno invierno, a la ducha helada. En más de una ocasión pensé que el infarto estaba cercano. Pero sobreviví. Ahora dudo si mi higiene era todo lo completa que tenía que ser, porque en un minuto me duchaba de pies a cabeza.

Una tarde me preguntó mi directora (tenía, como todas las numerarias, una directora espiritual con la que hacía una charla semanal, donde contaba todas mis intimidades, muy parecida a la confesión) que qué planes tenía.

-He quedado con una amiga que hace años que nos veo; veraneábamos juntas.
-¡Estupendo! ¿Qué tal es?
-Pues normal, simpática.
-¿Y la vas a traer por aquí?
-No, hemos quedado para ir al cine.
-¿¿Cómo??
-Que vamos a ir al cine.
-¿Pero tú no sabes que las numerarias no vamos al cine?
-Pero si no hay nada de malo en ir al cine…, no sé, si fuéramos a ver una porno o algo así, pero ha sacado entradas para una de los Hermanos Marx…
-Ni aun así. Las numerarias no tenemos tiempo ni dinero para ir al cine.
-Si invita ella.
-¡Tampoco!
-Pues no lo entiendo. A mí nadie me dijo cuando “pité” que no podía ir al cine.
-Pues ya te has enterado. Dios no te pide todo de repente cuando te haces de la Obra, te pide poco a poco cosas nuevas.
-¿Y me quedan muchas cosas nuevas aún?
-Dios actúa así. Tú te has entregado a Dios a través de la Obra, y las numerarias tenemos una serie de condicionamientos.
-¿Pero no somos gente corriente?
-Hay mucha gente corriente que no va al cine.
-Vale, ya entiendo y no hay vuelta de hoja. De cine, nada.

Yo, en esos momentos, me preguntaba por qué, cuando me insistieron para que me hiciera de la Obra, no me habían dado una lista completa de todo lo que no se podía hacer. Estaba harta de oír mil y una vez “no somos monjas, somos personas corrientes, que viven en medio del mundo y no nos diferenciamos de la otra gente”. ¡Jesús, si llegamos a diferenciarnos!

De una cosa me enteré casi cuando ya estaba decidida a irme de la obra y contribuyó muy especialmente a darme cuenta de que ese no era mi sitio. Haber pasado por eso habría significado perder toda mi dignidad como persona. Supe que tanto las charlas que mantienes con tu directora como las que mantienes con el sacerdote de la obra en el confesionario (la confesión es muy breve y enseguida te dan la absolución. Y a continuación el sacerdote empieza a hacerte preguntas. Para ellos, esas preguntas y respuestas ya no forman parte del secreto confesional pero para quien sigue hablando de su más profunda intimidad, nunca puede imaginar que el sacerdote va a hacer uso de ello), esas charlas, se intercambian. Es decir, que entre tu directora y el sacerdote se dicen el uno a la otra y la otra al uno las cosas que la numeraria les han contado, para ver si coinciden y para seguir una estrategia conjunta (Siempre hay que confesarse con el sacerdote de la obra asignado bajo amenaza de expulsión). Además de semejante manipulación de los secretos más íntimos de una persona, la directora envía, todas las semanas, un informe de su dirigida a la delegación. Basándose en lo que le ha contado, la directora escribe a máquina, para que lo lea una que no te conoce de nada, qué tal va tu vida interior, las cosas que haces mal, las confidencias que le has hecho… Eso lo descubrí al pasar a la habitación de la directora a coger algo. Ella no estaba y como el papel, a medio escribir, sobresalía de la máquina, no fui capaz de vencer la tentación de leer lo que allí ponía.

Me pareció lo más burdo, innoble y anticristiano que había visto en mi vida. ¿Con qué derecho se manipulan las intimidades de cada persona cuando, para vivir bien el espíritu de la Obra, no hay más remedio que hacerlas, porque eso es lo que está mandado por el Padre? La más mínima conducta ética, seas o no seas cristiano, te obliga a respetar el secreto de una confidencia. ¿Cómo se puede llamar algo la Obra de Dios cuando se cae tan bajo? Dios sabe el informe que tendrán de mí y de cada uno de los miembros en los archivos de Roma, después de haber pasado las confidencias por tantas sucias manos que ni siquiera nos conocen. Porque el centro donde vives va a la Delegación, de la Delegación a la Asesoría Regional, y de ésta, a la Asesoría Central, que está en Roma. Imagino que será como ese chiste de un general que le dice al teniente coronel: “mañana a las 10 habrá un eclipse de sol; que los soldados lo vean antes de vestirse de gimnasia. Pase la orden.” El final de la cadena de transmisión, el último cabo les dice a los soldados: “mañana estará el general vestido de gimnasia pero no os preocupéis porque como hay un eclipse podéis dormir hasta las diez…” Una cosa parecida. De risa ¿verdad? Pues a mí me da, me dio muchísima pena, me invadió una gran tristeza y amargura. En ese momento se rompió definitivamente lo que me pudiera unir a la obra y en ese momento supe también que la obra no era de Dios, porque Dios no puede caer tan bajo.

Pero antes, también me fui enterando de otras muchas cosas por las que, incluso, había preguntado antes de hacerme de la obra y me habían negado su existencia. Me mintieron porque “en aquel momento todavía no estaba preparada para vivirlas”.

Una vez fui a la encargada de la Biblioteca para que me dejara algún libro para leer. Me acuerdo que me dio “El principito”. Tenía yo 23 años y, en fin, lo había leído doscientas veces.

-¿Qué tal -le dije- algo de Simone de Beauvoir. Nos han hablado de ella en la Facultad?
-Todos los libros que contienen peligros para la moral no se pueden leer. El Padre no hace más que insistir. Y esa mujer defiende ciertos principios marxistas Además, vive con otro marxista y no están casados…

-Pero yo sé discernir lo que está bien y lo que está mal. Creo que tengo criterio como para no dejarme influenciar por un libro. Es cuestión de conocer autores y tener conocimiento de la literatura universal.

-Acuérdate de ese principio tomista: “el error no es conomiento.” Lo que viene a decir que aunque leyeras todo ese tipo de libros o de autores semejantes, nada te aportarían intelectualmente, porque, al basados en doctrinas erróneas, tú no avanzas, retrocedes.

Me da cierta pena pasar como de puntillas por todos los temas. Hay muchas cosas que me dejo en el tintero porque necesitaría mucho más espacio. Es muy difícil condensar el espíritu del Opus Dei y todo lo que yo vi, experimenté y sufrí, en unas cuantas cuartillas.

Yo notaba cómo, poco a poco, se me iba recortando mi verdadera forma de ser. Tenía que medir con quién estaba, con quién hablaba, con quién comía en la mesa, a quién le gastaba alguna broma, porque después me esperaba otra “costumbre” de la Obra: “la corrección fraterna.” Consiste en que te dicen a la cara lo que has hecho mal, pero como no robas, ni matas, ni mientes, ni llevas una vida disoluta, las correcciones que solían hacerme eran de este tipo:

-Has llegado tarde a la oración esta mañana… Ayer, durante el aperitivo, te faltó sobriedad… Te has reído durante el tiempo de silencio… (el “tiempo de silencio” abarca desde que nos íbamos a la cama hasta el día siguiente, después de la misa. No se debía hablar con nadie, a no ser que fuera una cuestión de vida o muerte). O sea, que por todas partes estaba vigilada; hiciera lo que hiciera, las correcciones fraternas me llegaban por todos lados y por verdaderas tonterías. Te crean la psicosis de que estás vigilada y, a la vez, debes vigilar constantemente a la gente con la que convives por si ves algo raro e inmediatamente, después de pedir permiso a la directora de la infractora, se le dice en un aparte, sin nadie delante. Eso sí, no se podía rechistar ni pedir ningún tipo de explicaciones, con lo cual me tenía que morder la lengua cuando me decían la tontería en la que me habían “cazado”. Me quedaba con las ganas de añadir: “tú más”, pero era de mal espíritu. Me acuerdo de que una vez seis personas distintas me hicieron seis correcciones fraternas seguidas. No sé cómo consiguieron cogerme una detrás de otra, pero lo hicieron. Al subir una escalera, aparecía una. Pasaba al lado de una columna, y aparecía otra.., y así hasta seis. Cuando llegué a mi cuarto, me dieron ganas de gritar, porque seis veces me había tenido que callar ante seis absurdas acusaciones.

Cuando se murió el fundador, Monseñor Escrivá, se creó inmediatamente una Oficina Histórica. Tenía la función de recoger los testimonios escritos de las personas que habían tenido contacto directo con el Padre. Como yo sabía escribir a máquina, me dijeron que fuera a ayudar en ese cometido. Tenía que pasar a limpio las anécdotas que se recibían. Lo que más me llamó la atención fue que, según iban llegando esas anécdotas, un grupo pequeño de numerarias “mayores” las iban corrigiendo y transcribiéndolas a su manera, de forma que el Padre y espíritu de la Obra siempre quedara bien. Si la anécdota no era muy edificante, porque, por ejemplo, el padre había contestado mal a alguna de sus hijas, se le daba la vuelta y la que había actuado mal había sido, por supuesto, la numeraria. Del testimonio auténtico a lo que quedaba después del “retoque” había un abismo. Así se empezó a escribir la historia de la Obra y del Padre. Así ha llegado a la puerta de los altares. Todo lo negativo desapareció. La historia de la Obra se ha escrito con bastante imaginación y con no poca manipulación. Con tal de dejar al Padre en buen lugar, no importaba mentir ni trastocar los hechos. Yo he sido testigo de ello y nadie podrá demostrarme lo contrario.

A los dos años me dijeron que tenía que hacer otra incorporación jurídica.

-Mira, se llama la oblación. Hemos visto en este tiempo que estás preparada para seguir adelante y los estatutos de la Obra indican que la tienes que hacer.
-Yo ya escribí la carta, con eso creía que ya era de la Obra.
-La Iglesia nos exige una serie de requisitos, digamos que legales, para pertenecer a un Instituto Secular.
-¿Y cómo se hace la oblación?
-En la misa de mañana (los sacerdotes de la Obra celebran siempre en latín), durante la consagración, haces votos de pobreza, obediencia y castidad.
-¿Me pongo de pie y lo digo en voz alta?…
-No, mujer, lo haces interiormente. Usa la fórmula que quieras; puedes decir, por ejemplo, que te comprometes a vivir votos privados de pobreza, obediencia y castidad.
-Pero es que yo creía que en la Obra no hacíamos votos. Hasta el Padre ha dicho que a él “no le importan los votos, ni las botas, ni los botines…”
-Claro que él no quiere que hagamos votos, pero es que la Iglesia nos los impone. Además, ¿qué más te da? ¿No eres de la Obra?, pues total, por hacer unos votos…
-Sí, pero… ¿no éramos personas corrientes que no hacíamos cosas raras que nos diferenciaran con el resto de la gente?…
-Bueno, ¿no sabes que no es de buen espíritu pedir tantas explicaciones?…

Los votos se hacen por un año y se renuevan durante cinco. Después, el paso siguiente de incorporación jurídica a la Obra, el definitivo, es lo que se llama “hacer la fidelidad”.

Desde que entras en la Obra llevan una cuenta general de ingresos y gastos. Normalmente, los ingresos son superiores a los gastos, por lo que existe un superávit. Pero si te vas no intentes nunca que te devuelvan tu dinero. Si lo hicieran -sería el primer caso entre miles y miles-, podría empezar a creerse que la Obra es espiritual; sería un milagro. Todas las cosas que tienes a tu nombre -un coche, unas acciones heredadas, etc.- hay que ponerlas a nombre de la Obra, porque “hay que vivir la pobreza, y Dios nos lo ha pedido todo”. Este tipo de cosas se ponen a nombre de numerarias fieles y seguras. Cuando se hace la “fidelidad”, hay que hacer testamento a nombre de la Obra. Cuando te vas, olvídate del testamento y de todo lo que entregaste. Se plantean verdaderas batallas jurídicas cuando se quiere recobrar lo que ha sido tuyo, porque los papeles que la Obra te pone a firmar son tan enrevesados y llenos de cláusulas que son muy pocos -o ninguno- los que han conseguido que les devuelvan algo. Es de buen espíritu firmar lo que te ponen delante sin echar una ojeada antes, porque la Obra, que es de Dios, que tiene a un fundador santo y que es una madre para sus hijos, ¿cómo va a tratar de darte gato por liebre? Firmas lo que te echen.

Comencé diciendo que me escapé. Efectivamente. Siete años después de haber pedido la admisión, habiendo visto yo personalmente, ¡por fin yo había visto algo!, que esa vocación no era la mía, porque me engañaron entre lo que me dijeron que era la Obra y lo que es en realidad, y después de hablar y repetir hasta la saciedad que me quería marchar, sin hacerme ningún caso, tomándoselo como una “tentación del demonio”, mandándome de una casa a otra y volviéndome loca, tomé la decisión más libre que haya tomado jamás en mi vida: irme del Opus Dei.

Salí como si fuera a trabajar, igual que todos los días, y no volví más. A los dos meses me mandaron mis cosas en una caja, no sin antes haber intentado que volviera. Los consejos que me daban para quitarme de la cabeza la idea de marcharme eran los siguientes: “el que se va de la Obra es como otro Judas, que traiciona y vende a Jesús”; “nadie que se ha ido de la Obra ha sido feliz”, “te espera el infierno…”.

Ahora sí soy una persona corriente y, en mi mediocridad y pequeñas o grandes alegrías y tristezas que da la vida, soy feliz a mi manera. Hasta Dios, de vez en cuando, me hace un guiño de complicidad, como si quisiera decirme: ¿por qué se habrán empeñado los del Opus en meterme en sus planes?

Octubre 23, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Esla León, Asociación Juvenil Arlanza Burgos, Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Asociación Universitaria Artes, Aula Social, Blogroll, Casa convivencias Aldebarán Simancas, Casa de retiros El Rincón Tordesillas, Club Alcotan Zamora, Club Alfar Salamanca, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Enol Oviedo, Club Ensenada Santander, Club Lendel Palencia, Club Montauca Burgos, Club Naranco Oviedo, Club Niara Valladolid, Club Nieva Avilés, Club Pinar Palencia, Club Prados Valladolid, Club Tempero Valladolid, Club Terral Salamanca, Club Torla Oviedo, Club Trechel Valladolid, Club juvenil Cerroalto, Club juvenil Niara, Club juvenil Prados, Club juvenil Tempero, Club juvenil Trechel, Club universitario Antares, Colegio Alcazarén Valladolid, Prelatura Opus Dei, Colegio Internacional Campolara Burgos, Colegio Los Robles Asturias, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Mayor Peñafiel, Prelatura Opus Dei, Colegio Montessori Salamanca, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Peñalba Valladolid, Colegio Peñamayor Asturias, Colegio Pinoalbar Valladolid, Colegio Torrevelo Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Colegio de Fomento, Colegios Mayores Universitarios, Prelatura Opus Dei, Crisis Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Documentos Internos Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Escuela Deportiva Niara, Prelatura Opus Dei, Escuela de Hostelería Alcazarén, Prelatura Opus Dei, Ex miembros del Opus Dei, ExOpus, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Obra corporativas Prelatura del Opus Dei en Valladolid, Opus, Opus Dei, Opus Dei Asturias, Opus Dei Burgos, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei España, Opus Dei Gijón, Opus Dei León, Opus Dei Oviedo, Opus Dei Palencia, Opus Dei Salamanca, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Dei Zamora, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei, Problemas psiquiátricos, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Sacerdote Antonio Petit Pérez (Opus Dei), Secta, Sectas Destructivas, Universidad de Valladolid, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | 2 comentarios

La prelatura personal del Opus Dei: un baúl de doble fondo

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Falvia

He estado pensando en un tema respecto del Opus Dei, que ofrece, otra vez, sus ambigüedades. Se trata del actual status jurídico del Opus Dei, esto es, la figura de la Prelatura Personal.

En su momento, comenté en qué contexto doctrinal y canónico nacen las Prelaturas, a partir del Concilio.

Recientemente, buscando información sobre el tema, me he encontrado con un artículo al respecto, en una web “camuflada” del Opus Dei, que me ha hecho reflexionar, al ver cómo se puede dejar de lado lo importante, o lo esencial de un problema.

El mencionado artículo, luego de dar un breve y previsible pantallazo acerca de la historia de la figura de la Prelatura, que siempre supuso el criterio territorial y en la que la autoridad del Prelado era analogable a la de un Obispo en su diócesis, comenta las razones por las que son actualmente posibles las Prelaturas Personales, o sea que no incluyan la noción de territorio, concluyendo:

“En efecto, el criterio personal de delimitación implica toda la motivación profunda y la lógica institucional que se acabaron plasmando en el octavo principio directivo para la reforma del Código de Derecho canónico, y que explican por qué y en qué términos la territorialidad ha dejado de ser rasgo esencial del concepto de prelatura, como lo fue en la doctrina postridentina y en CIC (Código de Derecho Canónico) de 1917, según se ha visto. Concretamente, el principio de organización personal recogido en el Código implica a) los motivos apostólicos y pastorales que dieron lugar a la flexibilización del principio de territorialidad (es decir, es siempre una delimitación personal para una misión pastoral peculiar) y b) las razones que legitiman eclesiológicamente la existencia de circunscripciones personales armónicamente coordinadas con las ordinarias de base territorial”.

Cito del artículo: “Las prelaturas personales y el concepto de prelatura en la tradición canónica”, de Jorge Miras, resumen del texto del mismo autor, publicado en “Ius Canonicum” XXXIX (1999), pp. 575-604, con el título: “Tradición canónica y novedad legislativa en el concepto de prelatura”.

He leído ayer el artículo completo de Mirás, más otro de un canonista de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Eduardo Baura: “Las reflexiones actuales de la canonística sobre las Prelaturas Personales: sugerencias para una profundización realista”, que he de decir, en honor a la verdad, analiza, dentro de sus posibilidades, el caso Opus Dei, por supuesto en tono panegírico, mientras que el citado Miras, profesor Agregado de Derecho Administrativo Canónico, Facultad de Derecho Canónico, Universidad de Navarra, según nos informa la dicha web “camuflada”, no se detiene a examinar el único caso de Prelatura Personal existente: el Opus Dei.

Pero yo sí lo voy analizar, sin ser canonista, pero sí un ser racional.

Menciona el autor, al “octavo principio directivo para la reforma del Código de Derecho canónico”, en el cual se establecen los criterios para el carácter “personal” y no “territorial” de las Prelaturas. Dice el texto:

“Se plantea la cuestión de la mayor o menor oportunidad de conservar el ejercicio de la jurisdicción eclesiástica con estricto predominio de la territorialidad en la organización de la Iglesia. Parece que, a partir de los documentos conciliares, ha de deducirse un principio: el fin pastoral de la diócesis y el bien de toda la Iglesia católica exigen una clara y congruente circunscripción territorial, de tal modo que, por derecho ordinario, quede asegurada la unidad orgánica de cada diócesis en cuanto a personas, oficios e instituciones, a la manera de un cuerpo vivo. Por otra parte, teniendo en cuenta las exigencias del apostolado moderno, tanto en el ámbito de alguna nación o región como dentro del mismo territorio diocesano, parece que se pueden, e incluso se deben, regular con un criterio más amplio, al menos por derecho extraordinario incorporado en el propio Código, las unidades jurisdiccionales destinadas a una peculiar cura pastoral (S/N), de las cuales hay varios ejemplos en la disciplina actual. Así pues, se desea que el futuro Código pueda permitir unidades jurisdiccionales como las descritas, que pudieran ser constituidas no sólo por especial indulto apostólico, sino también por la competente autoridad del territorio o de la región, según las exigencias o necesidades de la cura pastoral del Pueblo de Dios”.

¿Cuáles son los documentos conciliares en cuestión?.

El decreto “Presbyterorum ordinis”, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, aquí encontramos el primer tema importante, este es un decreto dedicado a la vida sacerdotal, no laical, pues a los presbíteros en “exclusiva” les corresponde lo propio de la “cura pastoral”, en este caso de índole peculiar, según destacamos en el texto, en el sentido concreto de la “cura de almas”, como consecuencia de su ministerio (pensadlo… directores y directoras laicos de la Obra).

En su número 10, del capítulo III, que trata de la “Distribución de los presbíteros y vocaciones sacerdotales”, en la primera sección, sobre la “Adecuada distribución de los presbíteros”, leemos:

“Revísense, además, las normas sobre la incardinación y excardinación de manera que, permaneciendo firme esa antigua disposición, respondan mejor a las necesidades pastorales del tiempo. Y donde lo exija la consideración del apostolado, háganse más factibles, no sólo la conveniente distribución de los presbíteros, sino también las obras pastorales peculiares a los diversos grupos sociales que hay que llevar a cabo en alguna región o nación, o en cualquier parte de la tierra. Para ello, pueden establecerse algunos seminarios internacionales, diócesis peculiares o prelaturas personales y otras instituciones por el estilo, a las que puedan agregarse o incardinarse los presbíteros para el bien común de toda la Iglesia, según módulos que hay que determinar para cada caso, quedando siempre a salvo los derechos de los ordinarios del lugar.”

Entonces, vemos que ante necesidades peculiares, que en el parrafo anterior a éste, son puntualizadas como: “regiones, misiones u obras afectadas por la carencia de clero”, pueden establecerse prelaturas personales, para que los presbíteros puedan incardinarse, en razón del desarrollo de apostolados que aportan al “bien común de la Iglesia”.

Hablamos entonces de “sacerdotes” que atienden necesidades específicas de las Iglesias locales, y de misiones específicas, como fundamento de la existencia de una Prelatura, en la cual éstos se incardinan: “el ejemplo” que dá el buen profesor Mirás, es la prelatura nullius de Pontigny, en el contexto de la Misión de Francia.

Justamente tal Prelatura había sido el modelo invocado por Escrivá ante la Santa Sede, como referente jurídico para la figura deseada por él para la Obra, sugerencia que en esos años, 1962, no fue bien recibida.

Esa Prelatura, fue erigida por Pío XII, separando al territorio de la Abadía de Pontigny, de la diócesis de Sens, a los fines de incardinar sacerdotes, dedicados por completo a llevar a cabo una “reevangelización de Francia”, la mencionada “Misión de Francia”, por medio de la Constitución Apostólica Omnium ecclesiarum sollicitudo, de 1954.

Nuevamente los miembros de esta Prelatura son sacerdotes, que se encuentran incardinados en la misma, para realizar una tarea pastoral peculiar.

¿Cómo ha regulado el Código de Derecho Canónico a las mencionadas Prelaturas? (Código de 1983, o sea un año después del 28 de noviembre de 1982, o del 27, debiera decir, pues ese día se anunció en la Obra, que había “salido la Intención especial”).

La formulación está en consonancia con el octavo principio directivo para su reforma, ya citado. Podemos leerla en los cánones 294-297:

“294 Con el fin de promover una conveniente distribución de los presbíteros o de llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales, la Sede Apostólica, oídas las Conferencias Episcopales interesadas, puede erigir prelaturas personales que consten de presbíteros y diáconos del clero secular.

295 § 1. La prelatura personal se rige por los estatutos dados por la Sede Apostólica y su gobiemo se confia a un Prelado como Ordinario propio, a quien corresponde la potestad de erigir un seminario nacional o internacional así como incardinar a los alumnos y promoverlos a las órdenes a título de servicio a la prelatura.

§ 2. El Prelado debe cuidar de la formación espiritual de los ordenados con el mencionado título así como de su conveniente sustento.

296 Mediante acuerdos establecidos con la prelatura, los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de la prelatura personal; pero han de determinarse adecuadamente en los estatutos el modo de esta cooperación orgánica y los principales deberes y derechos anejos a ella.

297 Los estatutos determinarán las relaciones de la prelatura personal con los Ordinarios locales de aquellas Iglesias particulares en las cuales la prelatura ejerce o desea ejercer sus obras pastorales o misionales, previo el consentimiento del Obispo diocesano.”

Vemos aquí también que los “protagonistas” fundamentales de las Prelaturas son los sacerdotes, pero ahora con un agregado, que en el cánon 296, se habla de los “laicos” que pueden dedicarse a los apostolados de la Prelatura, “mediante acuerdos establecidos con la misma”, y que los “derechos y deberes de los laicos” han estar determinados en los Estatutos, así como su modo de “cooperación orgánica”.

Claro, hasta ahí, si uno no sabe nada del Opus Dei, piensa: ¡Ah… muy bien, así en los lugares que necesitan especial atención pastoral, puede haber una presencia sacerdotal y laical comprometida!… pues en la fundamentación eclesiológica de la existencia de tales Prelaturas, lo nuclear es la colaboración (sollicitudo) respecto de una necesidad específica en las Iglesia locales, esto es, las Prelaturas vendrían a cubrir apostolados que no pueden ser llevados a cabo por el clero local, o en todo caso, misiones apostólicas de tipo específico.

Para eso, es necesario el “consentimiento del Obispo”, que no pierde su competencia como tal, “quedando siempre a salvo los derechos de los ordinarios del lugar”, y por supuesto, en el contexto de la Presbyterorum Ordinis, la actividad coordinada, que la Obra jamás ha implementado.

Acerca de este punto, es importante destacar que en la discusión que precedió a la aprobación de estos cánones, el problema de la relación entre los ordinarios de cada diócesis y las Prelaturas, fue la materia fundamental de debate, y el núcleo de las objeciones planteadas.

Entonces, si pensamos ahora en el Opus Dei, podemos concluir que el P. Escrivá buscó siempre un forma jurídica (la mentada “intención especial”) que le permitiera, al menos, tres cosas:

- no analogar tal forma jurídica de la Obra a otras propias de la vida consagrada, en tanto la vocación al Opus Dei es “teóricamente” la de “cristianos corrientes”.

- posibilitar la incardinación de los sacerdotes de la Obra en ésta, sin depender de los Obispos diocesanos, en otras palabras, tener un clero propio.

- conseguir una independiencia real, efectiva, de la Obra en cada diócesis.

La Prelatura Personal le permite todo eso al Opus Dei, también la incorporación de laicos, pero, en la “teoría de las Prelaturas”, tanto los laicos como los sacerdotes, se vinculan a ellas en función de necesidades pastorales concretas.

Si no, es fácil imaginar que en consideración de lo “general” de los fines del Opus Dei, “santidad y apostolado”, o para la “santificación del trabajo cotidiano”, se podrían fundar cientos de Prelaturas, en las que se incorporaran otros tantos sacerdotes, y de hecho todos los laicos estaríamos en situación de colaborar con ella: se trata de una misión de tal “amplitud” que se confunde con las “consecuencias” del bautismo… ¿dónde está la peculiaridad de la misión?.

Nos hallaríamos ante una superposición de “jurisdicciones”, pues los obispos diocesanos son pastores de los fieles, en todo aquello que no sea lo específico de la Prelatura, según puede leerse en los cánones citados: otra vez ¿qué es lo específico de la Prelatura del Opus Dei?.

Parece que en el Opus Dei, lo “personal”, está del lado de lo “peculiar” de la institución Opus Dei, y no de la consideración de las particulares necesidades apostólicas de las Iglesias locales, o de determinados grupos de personas.

Por otro lado, la colaboración con una Prelatura así, por parte de los laicos, no plantea ningún modo “vocacional” particular, a lo sumo la identificación con la misión específica que asumirían tales Prelaturas. Cada uno de estos laicos, efectuaría los “acuerdos” con tal institución sobre esa base (en cuanto a su sustancia y en cuanto a su duración), pues esa es la identidad de las Prelaturas: llevar adelante una misión específica, para eso existen. Este no es el perfil del “fiel de la Prelatura del Opus Dei”.

La Prelatura no es una orden religiosa, ni un instituto de vida consagrada, ni una orden laical tercera, o una asociación de fieles, o un movimiento, en los cuales existe un carisma específico al que las personas se sienten llamadas en diversos estados de vida.

En la eclesiología de la Prelatura Personal, se supone una misión específica en ciertas Iglesias locales, cuyas exigencias plantean el auxilio de un clero, y eventualmente, de unos laicos que se dediquen a ella: “sollicitudo omnium Ecclesiarum”.

A su vez, esta misión que justifica la existencia de la Prelatura, debe, por lógica, coordinarse con las Iglesias locales en cuestión. Todos sabemos que la relación de los fieles de la Prelatura con las Iglesias locales, es casi nula, y cuando la hay, es en pequeña proporción, y por cuestiones accidentales, a lo sumo, algunas supernumerarias, colaborando en alguna parroquia, además ¡a “título personal”!… Ni hablar de la valoración que los fieles de la Prelatura tienen, sacerdotes y laicos, del clero secular, regular, de las religiosas y movimientos eclesiales en general… valoración negativa que ha estado presente en la Obra desde siempre, y ha sido fomentada por quienes la rigen.

Entonces: ¿Cómo es ésto?…

El Opus Dei es una Prelatura Personal cuyos centros de encuentran mayoritariamente, con su presbiterio y sus laicos, en las grandes ciudades, en diócesis que no presentan necesidades específicas. Aún si pensamos que estas diócesis pueden necesitar colaboración concreta, la Obra nunca se entera de ello, pues no hay real vinculación con la vida diocesana, y además, la Obra desarrolla sus actividades con independencia de las Iglesias locales, actividades que no son “peculiares” en el sentido de que no atienden necesidades concretas, que otros presbiteros o fieles de la dicha diócesis no pudieran asumir.

No se cumple el principio de fundamentación de la Prelatura, en el Código de Derecho canónico: “llevar a cabo peculiares obras pastorales o misionales en favor de varias regiones o diversos grupos sociales”, ni del decreto conciliar, que les asigna la misión de asumir “las obras pastorales peculiares a los diversos grupos sociales que hay que llevar a cabo en alguna región o nación, o en cualquier parte de la tierra”.

La “peculiaridad” de la Obra, es puntualizada en la información que ésta brinda en su web oficial, del siguiente modo:

“La finalidad del Opus Dei es contribuir a esa misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo entre fieles cristianos de toda condición una vida plenamente coherente con la fe en las circunstancias ordinarias de la existencia humana y especialmente a través de la santificación del trabajo.”

Muy lindo, sigamos:

“Los fieles de la prelatura realizan personalmente su tarea evangelizadora en los distintos ámbitos de la sociedad en los que se desenvuelven. En consecuencia, la labor que llevan a cabo no se limita a un campo específico, como la educación, la atención a enfermos o la ayuda a discapacitados. La prelatura se propone recordar que todos los cristianos, sea cual sea la actividad secular a la que se dediquen, han de cooperar a solucionar cristianamente los problemas de la sociedad y deben dar testimonio constante de su fe.”

Bueno, no sé, pero creo que ésto no tiene nada de específico, por lo cual sea necesario crear una Prelatura, explicitar lo dicho, sólo consistiría en volver a citar los textos con los que el Opus Dei mismo se autodefine, y contrastarlos con los del Concilio y los del Código de Derercho Canónico.

La única analogía que nos ofrece el Opus Dei, para entender su especificidad, y por ello, la razón de su existencia es también consignada en su web oficial:
“La Prelatura del Opus Dei, como los ordinariatos militares, es una circunscripción eclesiástica de carácter personal para la realización de una específica tarea pastoral.”

Acabáramos, el tema es que:

- los fieles de la Prelatura no tienen entre sí una nota definitoria común “como los militares”, que son un “grupo social”. Lo que sería común a los “fieles de la Prelatura”, según lo planteado por la Iglesia, sería una misión específica, ORDENADA, al bien de las Iglesias locales (que son la verdadera Iglesia universal en cada territorio), en función de necesidades específicas de éstas.

- No hay ninguna tal misión específica, que el Opus Dei realice, según esta misma institución aclara en los textos citados, y mucho menos, que contemple las necesidades de las Iglesias locales, a no ser en un nivel generalísimo, esto es, que los bautizados vivan cristianamente….el universo y sus aledaños.

¿Cuál es entonces la “peculiaridad” de la Prelatura, o sea, la razón de su existencia eclesial?.

Tal parece que la “intención especial”, es tan “especial”, que su cumplimiento conlleva per se, la excepcionalidad, por otra parte, podría decirse que la “única” Prelatura existente (efectos del “complejo de superioridad” en el campo jurídico…), es un baúl de doble fondo, en el que las cuestiones de hecho, y las de derecho, no están meramente “desajustadas”: el punto central es que un “fondo” oculta al “otro”, e impide ver su contenido.

La configuración institucional actual del Opus Dei, como Prelatura Personal de la Iglesia Católica, erigida por la sede apostólica, cumple los objetivos que pretendía Escrivá para la “solución jurídica” conveniente para el Opus Dei, pero no veo que acuerde in re, con los que preveen los Documentos del Concilio, ni el Código de Derecho Canónico para tales Prelaturas.

Aquí quedo hoy, pidiéndoles disculpas de antemano por arideces y enredos en mis palabras, pero he de seguir, pues ésto da para mucho, y entiendo necesario el ir “desanudando” esta “red” del Opus Dei, dado que, junto al imprescindible aporte testimonial, ha de realizarse una “objetivación” de esta institucíón, a los fines de despejar problemas, e ir dejando al descubierto de qué hablamos, cuando hablamos de la Obra.

Escribo estas notas, en el día de Santo Tomás de Aquino, quien nos dice en el comentario al Salmo VIII, “sola natura rationalis est capax Dei, cognoscendo et amando”. Somos capaces de Dios, por la Verdad y el Amor, conociendo y amando, que en estas palabras todos seamos consolados y bendecidos: Bienaventurados.

Octubre 17, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Esla León, Asociación Juvenil Arlanza Burgos, Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Asociación Universitaria Artes, Aula Social, Blogroll, Casa convivencias Aldebarán Simancas, Casa de retiros El Rincón Tordesillas, Club Alcotan Zamora, Club Alfar Salamanca, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Enol Oviedo, Club Ensenada Santander, Club Lendel Palencia, Club Montauca Burgos, Club Naranco Oviedo, Club Niara Valladolid, Club Nieva Avilés, Club Pinar Palencia, Club Prados Valladolid, Club Tempero Valladolid, Club Terral Salamanca, Club Torla Oviedo, Club Trechel Valladolid, Club juvenil Cerroalto, Club juvenil Niara, Club juvenil Prados, Club juvenil Tempero, Club juvenil Trechel, Club universitario Antares, Colegio Alcazarén Valladolid, Prelatura Opus Dei, Colegio Internacional Campolara Burgos, Colegio Los Robles Asturias, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Mayor Peñafiel, Prelatura Opus Dei, Colegio Montessori Salamanca, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Peñalba Valladolid, Colegio Peñamayor Asturias, Colegio Pinoalbar Valladolid, Colegio Torrevelo Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Colegio de Fomento, Colegios Mayores Universitarios, Prelatura Opus Dei, Crisis Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Documentos Internos Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Escuela Deportiva Niara, Prelatura Opus Dei, Escuela de Hostelería Alcazarén, Prelatura Opus Dei, Ex miembros del Opus Dei, ExOpus, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Obra corporativas Prelatura del Opus Dei en Valladolid, Opus, Opus Dei, Opus Dei Asturias, Opus Dei Burgos, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei España, Opus Dei Gijón, Opus Dei León, Opus Dei Oviedo, Opus Dei Palencia, Opus Dei Salamanca, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Dei Zamora, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei, Problemas psiquiátricos, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Sacerdote Antonio Petit Pérez (Opus Dei), Secta, Sectas Destructivas, Universidad de Valladolid, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | Aún no hay comentarios

Superstición y vudú en la opus de Dios

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Satur

A uno le alegra que de cuando en vez se acuerden de Satur, tan simpático, y que se le eche de menos. La verdad es que sigo la página, pero mis meninges ya no dan para más. Las nuevas aportaciones, además, son muy sabrosas (Markus, Gervasio, aceitera aceitera ) y creo que son muchos los que se deben de sumar a este puzzle para completar esa cosa tan rara que se llama Opus Dei.

Porque mira que son raros…

De mí diré que, hace años, ya no tengo ninguna relación con ellos y que mi vida discurre por caminos de sencillez. Estoy muy lejos de esa gente y los miro, y me miro a mí entonces allá dentro, con simpatía, aunque me parecen como un recopilatorio de los Pecos en japonés: un coñazo. Inclusamente de los ex hay gente más pesada que una china vendiendo rosas: como muy preocupados por su salvación y la de los ex que son agnósticos, apóstatas, tralaralas, madres solteras, novias de hombres divorciados, curas en tierra de nadie y gente de mala vida… Aquí, me parece, cada uno escribe de sus cosas y no creo que sea el foro para tratar de ciertos temas. Cada uno es como es, y vive como buenamente puede. Y mejor no andar juzgando, que luego pasa lo que pasa, que uno va de guays y de chulito y un día resulta que lo ves en el coche esperando el verde del semáforo comiéndose los mocos. Pues eso.

Lo que más gracia me hace de la gente de la opus, y de algunos bastantes ex con el ramalazo militante, es la seguridad que tienen en las cosas de Dios. Eso sí, reconociendo siempre su condición de pecadores (“no soy ejemplo de nada”, “soy el que más falla” -afirman- Y uno se pregunta, “¿Qué fallas el que más?”, dime en qué, criatura. Y te contestan “pues en que muchos días no hago el minuto heroico”, o “en que a veces se me va la vista”… ¡¡¡ jodeeeeer, pues sí que fallas, sí !!!).

Digo que tienen una seguridad pétrea en las cosas de Dios. Es más: Dios está conmigo. Lo que yo digo es asín, y punto. Y lo bueno es que se lo creen. Hay que joderse.

A Dios nadie le ha visto, eso es seguro… bueno, San Josemaría sí, que hasta le decía cuando leía el periódico “¡oye, déjame, porfa!” (no es textual. Textual es más fuerte). Pero los demás ná de ná. Bueno, pues éstos te hablan de Dios como si le conocieran de toda la vida. Y hablan y hablan, y escriben y escriben, y las montan del treinta y tres absolutamente convencidos de que lo suyo es la verdad. No son mala gente, son ciegos que guían a otros ciegos. Porque si les bajamos a la arena donde toreamos todos, están en lo que estamos todos, ni más ni menos.

Se han complicado la vida, que sólo hay una, y de qué manera. Y a Dios en ella. Yo no he visto a Dios, pero intuyo que para llegar a Él no hacen falta tantas zarandajas de normas, charlas, meditaciones, confidencias espirituales, convivencias y mandangas que en la mayoría de las veces no son más que causas de escrúpulos, mentalidades ñoñas, aires de aristócratas del amor y alegrías de corral.

A uno le parece que en las cosas de Dios lo mejor es el silencio: dejarse querer para querer. Lo demás viene solo.

La naturaleza del hombre de grupito -sea el grupito que sea- está constituida en creer fácilmente en las cosas que les dicen que hay que esperar. Si sigues nuestros criterios te irá bien. Es un mecanismo muy cercano a la superstición que muchos pensadores católicos le achacan a ciertas formas de religiosidad. Algunos les llaman “mecanicismos”.

La opus está repleta de ellos: desde los más mecánicos como dar besos a crucifijos, estampas, imágenes y suelos, hasta saludar a ángeles custodios del centro, rodillazos al entrar y salir del centro, pasando por todo tipo de liturgias domésticas como cienes de persignaciones, inclinaciones de cabeza, solitarios paseos peripatéticos rosario en ristre, brazos en cruz , decenas de salmos que se repiten más que un cordero a la chilindrón, y terminando en todos los criterios de modos de vestir, maneras de sentarse, formas de tratar a la familia de sangre o, como nos contaba hace unos días un amigo, vivir el pudor no llevando pantalones vaqueros donde el culete respingón era causa de admiración de sus compañeras en la universidad… ¿Seguro que eran chicas?. Menos mal que estaba al quite el subdirector del centro de estudios y puso remedio. Es que, la verdad, se ve cada culoooooo.

Se me dirá que si todo eso se hace por amor de Dios que por qué está mal. Y tiene razón. Sólo que para hacer todo eso por amor de Dios todos los días hay que estar muy preparado, o estar como un cencerro o, en fin, ser gente muy exagerada: como una lipotimia de Raphael.

Recuerdo que durante unos años hacía la charla fraterna en la delegación con el subdirector de la misma, un chico que nació maduro y con los morros como Angelina Jolie. Total, que  un día le digo “joé, ¿sabes qué me pasa?, pues que me paso el día diciéndole a la gente que la encomiendo, que rezo por ella, y luego, ná de ná, que no me acuerdo. Y me parece que no está bien eso. Y el tío me aconseja, “tranquilo, tú cuando te levantes y beses el suelo dices “me gustaría encomendar de verdad a todos los que les diga hoy que les voy a encomendar. ¡Y ya está!”.

Me pareció una idea cojonuda. Es más, ahora mismo voy y digo “Señor, de aquí a los cinco años siguientes a todo el que le diga que rezo por él, toma nota, que va en serio. Hala, a por otra cosa, mariposa… mejor pon los próximos diez años”.

Esto de los mecanismos suena más a cosa de una pasmosa sencillez, muy lejos del amor, por cierto. Y es que cuando un conjunto de actos, por lo demás perfectamente inútiles e innecesarios al fin propuesto – la santidad en medio del mundo como uno más- se ven coronados por el éxito, el tipo tiende a repetirlos. Y acaba asociando la conducta con el premio. Y termina por creer que en cualquier circunstancia es suficiente con llevar a cabo la conducta para obtener el premio. Y que , incluso, el premio nunca puede conseguirse al margen de ese tipo de conducta. O sea, que si no rezo al ángel custodio para que encuentre aparcamiento, voy listo. Y si le rezo (es que tiene cojones el tema), pues que me sale una plaza en medio de la calle Serrano, ¡y encima es un autobús que sale de allí!, ¡¡¡oleeeeeee!!!.

El premio no es la vida eterna, necesariamente. Puede ser un estar bien consigo mismo, un fruto apostólico que se desea, una virtud que se quiere alcanzar, un milagro que anhelamos.

Conozco un médico supernumerario que receta a sus pacientes la estampa de San Josemaría. No sé, yo no me fiaría de un médico que me endilga una estampa para pedir mi curación. Para eso me voy a un sanador a que me ponga la estampa de San Genaro y me sople en la axilas y me recite el “cura sana, cura sana, cura sana cara de rana, si no se te cura hoy, se te curará mañana”. Supongo que el tal médico habrá repartido miles de estampas y, claro, alguna le habrá salido bien y, hala, a tirar de estampica, por si acaso. Es interpretar lo que es CASUALIDAD como CAUSALIDAD.

Lo que tendría que hacer ese buen médico es ponerse la estampa en el ciruelo, porque por allí el chico no anda muy fino, que se le van las manos al pulpo.

Y si funciona, que avise.

El tema de los mecanicismos roza, cuando no se sumerge, en la superstición y, a veces, parece “vudú”. Es sabido que el vudú piensa que la posesión de un mechón de cabello, unos recortes de uña, un algodón empapado de una gotica de sangre, o unos calcetines que han estado en contacto con un cuerpo, le otorga un poder ilimitado sobre esa persona, incluso provocar la muerte.

Estoy seguro que a más de uno le están viniendo a la cabeza cientos de anéldotas al respecto.

Ya digo, que son muy raricos estos chicos.

Satur

Octubre 16, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Esla León, Asociación Juvenil Arlanza Burgos, Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Asociación Universitaria Artes, Aula Social, Blogroll, Casa convivencias Aldebarán Simancas, Casa de retiros El Rincón Tordesillas, Club Alcotan Zamora, Club Alfar Salamanca, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Enol Oviedo, Club Ensenada Santander, Club Lendel Palencia, Club Montauca Burgos, Club Naranco Oviedo, Club Niara Valladolid, Club Nieva Avilés, Club Pinar Palencia, Club Prados Valladolid, Club Tempero Valladolid, Club Terral Salamanca, Club Torla Oviedo, Club Trechel Valladolid, Club juvenil Cerroalto, Club juvenil Niara, Club juvenil Prados, Club juvenil Tempero, Club juvenil Trechel, Club universitario Antares, Colegio Alcazarén Valladolid, Prelatura Opus Dei, Colegio Internacional Campolara Burgos, Colegio Los Robles Asturias, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Mayor Peñafiel, Prelatura Opus Dei, Colegio Montessori Salamanca, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Peñalba Valladolid, Colegio Peñamayor Asturias, Colegio Pinoalbar Valladolid, Colegio Torrevelo Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Colegio de Fomento, Colegios Mayores Universitarios, Prelatura Opus Dei, Crisis Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Documentos Internos Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Escuela Deportiva Niara, Prelatura Opus Dei, Escuela de Hostelería Alcazarén, Prelatura Opus Dei, Ex miembros del Opus Dei, ExOpus, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Obra corporativas Prelatura del Opus Dei en Valladolid, Opus, Opus Dei, Opus Dei Asturias, Opus Dei Burgos, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei España, Opus Dei Gijón, Opus Dei León, Opus Dei Oviedo, Opus Dei Palencia, Opus Dei Salamanca, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Dei Zamora, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei, Problemas psiquiátricos, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Sacerdote Antonio Petit Pérez (Opus Dei), Secta, Sectas Destructivas, Universidad de Valladolid, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | Aún no hay comentarios

Necesidad de una reforma en el Opus Dei

Publicado originalmente en OpusLibros.org

Marcus Tank

Imagen: Rene Magritte, “El castillo en los Pirineos”

 

1. Si echamos una mirada de conjunto, con perspectiva, a lo que está ocurriendo con el Opus Dei, saliéndonos de la visión fanática de los que gobiernan y juzgan todo como si el fundador fuese el mismísimo Dios y, por esa razón, dan a sus palabras y escritos valor de eternidad y los consideran doctrina de fe, nos encontramos con serias incongruencias. Para percibirlo es necesario hacer un ejercicio de “desfanatización” mental y del corazón. Borrar el formateo supuestamente “sobrenatural” al que son sometidos los miembros de la institución y quedarse con la fe de la Iglesia…

Una vez conseguido el objetivo o, al menos intentado, se descubre que la “encarnación” del espíritu de la Obra poco tiene que ver con la pretendida entraña secular de dicho espíritu. En el Opus Dei se vive como religiosos, en especial numerarios y agregados. Existe vida de comunidad: célibes que habitan juntos en lugares especiales, provistos de oratorio y sacristía, bajo el mando de unos superiores estrictamente jerarquizados, con unos actos y rezos comunitarios perfectamente establecidos, con un plan de vida determinado, y con una práctica de la pobreza igual que los religiosos. Este aspecto de la pobreza no es en modo alguno secular, pues no se tienen bienes personales -propiedad privada- ni se dispone de lo que se gana con autonomía; los bienes son de la institución. Tampoco existe autonomía en lo referente a la profesión debido a la exigencia de supeditarla al querer de los directores. Es decir, los anclajes de cualquier ser humano in saeculo están completamente abolidos.

La consecuencia es que el “espíritu” nada tiene que ver con la práctica real. Esta es una incongruencia del fundador, que plasmó así lo que dijo que vio. Él afirmaba hasta la saciedad lo de “no somos religiosos”, pero luego eso se quedó en una verdad puramente canónica, que no real, pues se vive ad modum religiosorum, al estilo de los religiosos. Me parece que lo que acabo de decir resulta evidente a todo el mundo.

  

2. Una segunda incongruencia se pone de manifiesto al observar que no se practican los Estatutos de la Prelatura aprobados por la Iglesia, sino una legislación interna distinta y no coincidente. Legislación ésta, incompatible con la pastoral eclesial y dolosamente ocultada a la autoridad de la Iglesia, pues no se ha presentado para su aprobación. Es decir, se actúa fuera de la ley común mediante unos “escritos internos”.

Aclaremos que sólo son auténticos carismas divinos aquellos que han sido debidamente ratificados por la Iglesia (cf. Lumen gentium, 12 y 45). En el caso del Opus Dei, el carisma divino hay que encontrarlo en los Estatutos: además, éstos fueron debidamente supervisados por el fundador, según siempre se dice. Por lo tanto, nadie tiene obligación moral de practicar otra norma que no sean los Estatutos que la Iglesia ha dado a la Prelatura.

Pero las “normas de vida” reales de los fieles del Opus Dei acaban siendo todas las indicaciones de sus documentos o escritos internos “secretos”. Agradecemos a Agustina la reciente publicación del Vademécum del Gobierno Local de 2002, donde se dice: Estos y otros escritos que reciben los Consejos locales no tienen únicamente como fin dar criterio a los Directores. Por tanto, éstos no se limitan a leerlos y meditarlos y guardarlos después. Son doctrina viva y clara que han de transmitir a los demás. Una vez que los Directores los han leído y meditado, a fondo, los comentan en la reunión del Consejo local: de esa comunicación de ideas obtendrán el mayor provecho posible personal y para el Centro, y abundante experiencia práctica para utilizar en Círculos, charlas personales, etc.; y el sacerdote, en pláticas y meditaciones. Con este estudio permanente -responsabilidad grave de los Directores-, conservan fácilmente en su memoria los criterios básicos y las experiencias sobre cómo desempeñar su tarea, evitando omisiones, improvisaciones, pérdidas de tiempo o actuaciones personales; y así, además, realizan con perfección su principal trabajo profesional (pp.18-19). O sea, son más que normas, pues este apartado termina incluso diciendo: Si alguna vez el Consejo local no entiende un documento enviado desde la Comisión, o piensa que no lo puede cumplir, o que puede mejorarse de algún modo, lo hace saber enseguida a la Comisión. Por lo tanto, no se acepta la hipótesis del no cumplimiento “voluntario”.

 

3. Aunque podrían añadirse muchas incongruencias más, voy a señalar sólo una tercera que -por constituir una actitud de fondo que determina el modo de situarse cognoscitiva y doctrinalmente en el mundo actual- engloba todo un conjunto de consecuencias. Se trata del rechazo tácito a gran parte del Concilio Vaticano II. Mientras se desarrollaron las sesiones de aquella asamblea sinodal en Roma, no cesaron de pasar por Villa Tevere los obispos más tradicionalistas del Concilio, que eran convocados y alentados por Escrivá para hacer frente común contra lo que él entendía como excesos modernistas incompatibles con la fe de la Iglesia: entre ellos, no pocos miembros del episcopado español de entonces, a quienes el Concilio sorprendió con el pie cambiado, fuera de los progresos de la teología francesa y centroeuropea de aquellos tiempos. El resultado del Concilio defraudó el concepto de Iglesia que tenía Escrivá, cuya teología se había quedado petrificada varios siglos atrás.

La consecuencia fue un rechazo no explícito, pero sí de hecho, de los documentos del Concilio por parte del Opus Dei. Normandía se refería no hace mucho en esta misma página web a Raúl Lanzetti, sacerdote numerario y teólogo, perito de uno de los Sínodos de Obispos convocados por Juan Pablo II. En efecto, Raúl, siendo un hombre tremendamente vitalista y fogoso, volvió muy deprimido a la Argentina, como consecuencia de comprobar una y otra vez que en la Obra no se quería asumir la doctrina conciliar.

Una prueba colateral de lo que afirmo es que en el Índice de libros prohibidos del Opus Dei se encuentran las obras de aquellos teólogos que más influyeron en el Concilio, entre ellos el mismísimo Ioseph Ratzinger. La calificación interna del actual Papa cambió años después, tras ser nombrado Prefecto de la Congregación de la Fe, pero se tardó en hacer las modificaciones y, en parte, se debieron a la tenaz insistencia de Antonio Ruiz Retegui.

La mentalidad del fundador y el diagnóstico de su presente se perciben en su última extensa Carta de 14 de febrero de 1974 o en la Carta de 28 de marzo de 1973, considerada como su “primera campanada”, poco antes de morir. En la actualidad estas lecturas resultan muy ilustrativas. Felizmente, hoy tenemos la oportunidad de hacer contrastes y comprender mejor qué es el “espíritu de discernimiento”. El de Escrivá fue una cerrazón terca, autoritaria, en nada diferente a las actitudes integristas de algunos otros, y de ahí derivan buena parte de los males actuales de la institución: no todo fue malo en sus actitudes, pero sí careció de un auténtico “discernimiento espiritual” eclesial. Otros personajes de entonces, como Ioseph Raztinger, muy comprometidos con la Iglesia de aquellas décadas, batallaron en la primera línea del frente para encauzar las reformas y los cambios, sabiendo distinguir los límites entre lo caduco y lo permanente, y así reconocer la acción del Espíritu de Dios en la historia. La complacencia de lo Alto está hoy a la vista de todos: “por los frutos los conoceréis”.

 

4. ¿Tiene importancia la no recepción del Concilio Vaticano II? Sí, y mucha. Aparte lo que supone esa actitud en sí misma, me parece que en el fondo estamos ante una falta de comunión con la verdad y con el Espíritu Santo, que condiciona y determina el modo actual en que los fieles de la Prelatura comprenden la realidad del hombre, de la Iglesia y del mismo Dios, aparte de limitar su vida interior. La formación que se imparte en el Opus Dei no favorece la dignidad  ni la autonomía de la persona, ni “la libertad de los hijos de Dios”, que tanto proclama. Son cuestiones que empapan todo el sistema formativo y espiritual de la Obra. ¿No os parece extraño que apenas se haya explicado ni citado oficialmente en los medios de formación una constitución tan importante y práctica como la Gaudium et spes?

Como consecuencia de lo que he dicho hasta el momento y simplificando al máximo las cosas, surge una cuestión candente: Si tuviéramos que optar entre el fundador del Opus Dei o la Iglesia, ¿por quién nos decantaríamos? Para mí está claro: a pesar de sus deficiencias humanas, la Iglesia como tal me ofrece más confianza y, pienso, lo contrario sería caer en un fanatismo humano, a favor de una “institución de hombres”: Pablo, Apolo, Cefas, pero no Cristo.

La disyuntiva no es nada teórica si pensamos que Escrivá no es Dios, y que se ha equivocado en muchas cosas. Sin embargo, ésta no es ni ha sido la actitud de los sucesores de Escrivá, que siguen otorgando al fundador una credibilidad sin fisuras, en todos los temas. El error consiste en hacer de la “doctrina del fundador” (también sus praxis o su conducta, tomada como ejemplo a imitar) una cuestión de fe indistinta de la fe en Dios. La fe teologal tiene como objeto la Revelación divina presentada por la Iglesia. No son objeto de fe las revelaciones a un hombre particular que no hayan sido asumidas como divina revelación por la Iglesia.

O, dicho de otro modo, el acto de fe de cada uno de nosotros es un acto eclesial: se asiente en la fe de la Iglesia, no en la doctrina de un individuo, por muy santo que hubiera podido ser, como bien puede leerse en el Catecismo de la Iglesia Católica, número 150: En cuando adhesión personal a Dios y asentimiento a la verdad que Él ha revelado, la fe cristiana difiere de la fe en una persona humana. Es justo y bueno confiarse totalmente a Dios y creer absolutamente lo que Él dice. Sería vano y errado poner una fe semejante en una criatura (cf. Jr 17,5-6; Sal 40,5; 146,3-4). Además, en el caso de Escrivá está por ver esa “santidad ordinaria”, en el día a día, mientras no se emprenda la “desmitificación”, que certeramente comentaba Oráculo hace unos meses. Por lo tanto, la fe que pueda tenerse en Escrivá no es teologal sino humana, pues nunca la Iglesia ha reconocido sus revelaciones. Lo único aprobado son los Estatutos de una institución, y aún éstos no son objeto de fe.

 

5. Volviendo a la primera cuestión que planteaba, la inconsecuente plasmación del carisma secular o de la secularidad de la Obra, habría que decir que no es extraño lo que ha sucedido. Cuando Dios se comunica a una persona por medio de luces interiores, la expresión del mensaje pertenece al que lo ha recibido, que manifiesta al expresarlo su manera de pensar y su cultura. ¿Os acordáis del aforismo clásico?: quod recipitur ad modum recipientis recipitur, es decir: “lo que se recibe, al modo del recipiente es como se recibe”. Como dice De Smedt en su obra Nuestra vida sobrenatural: “Cuando el alma quiere evocar este recuerdo, para su propio consuelo o para la enseñanza y consuelo de otras almas, puede ocurrir fácilmente que asocie, con plena buena fe, al recuerdo de las palabras divinas, el de ideas que ha conservado de sus lecturas, que ha oído exponer en predicaciones, o incluso que son el producto de la actividad de su inteligencia y de su imaginación” (tomo I p.229). Esto mismo afirma otro gran especialista, el Padre Monier-Vinard, en Cum clamore valido diciendo: “Hay que reconocer, por lo demás, que todo santo o santa que recibe una revelación, obra más o menos de igual forma, poniendo siempre su signo propio, y que hay, por lo tanto, que hacer siempre la distinción entre lo que es únicamente divino y lo que es humano y personal”. En fin, todo esto es conocido de sobra por los exégetas de la Sagrada Escritura, para quienes el abecé de su tarea está en discernir la “verdad revelada” de la “envoltura cultural e histórica” del profeta.

El contenido tiene un valor perenne, la envoltura es propia de la mentalidad de una época. De ahí la importancia capital del discernimiento eclesial de los carismas particulares para considerarlos válidos. Y, por todas estas razones, parece muy conveniente que algo que se ha formado mal, y que ha seguido un rumbo tan poco transparente como el Opus Dei, necesite hoy una purificación, una verdadera y profunda reforma. Dilatar la cuestión por miedo o por falsas razones de “fidelidad” (integrista), no hace más que prolongar un engaño, destrozar personas, y deteriorar la propia institución, también su fama hasta extremos difíciles de recuperar.

En resumen, carece de sentido mantener la situación actual con sus ficciones. ¿Es posible una reforma en las actuales circunstancias? La mayor dificultad se encuentra en los sucesores de Escrivá, que no han sabido distinguir entre fidelidad a Dios y fidelidad al fundador, optando por la segunda, cuando ésta no tiene por qué coincidir con la primera y, de hecho, no coincide, como se va haciendo más claro cada día que pasa. Sólo por esto sería necesaria una reforma: porque el “Opus Dei” es ya poco o nada “Dei” y sí mucho “opus Escrivae”… y ¡cuanto más de Escriba, peor!

Octubre 15, 2007 Publicado por opusvalladolid | Asociación Esla León, Asociación Juvenil Arlanza Burgos, Asociación Juvenil Montealegre Oviedo, Asociación Juvenil Oyambre y Dobra, Asociación Peñavera Oviedo, Asociación Tamaral León, Asociación Torreón Segovia, Asociación Universitaria Artes, Aula Social, Blogroll, Casa convivencias Aldebarán Simancas, Casa de retiros El Rincón Tordesillas, Club Alcotan Zamora, Club Alfar Salamanca, Club Anciles León, Club Antares Valladolid, Club Arapiles Salamanca, Club Cerroalto Valladolid, Club Deva Gijón, Club Enol Oviedo, Club Ensenada Santander, Club Lendel Palencia, Club Montauca Burgos, Club Naranco Oviedo, Club Niara Valladolid, Club Nieva Avilés, Club Pinar Palencia, Club Prados Valladolid, Club Tempero Valladolid, Club Terral Salamanca, Club Torla Oviedo, Club Trechel Valladolid, Club juvenil Cerroalto, Club juvenil Niara, Club juvenil Prados, Club juvenil Tempero, Club juvenil Trechel, Club universitario Antares, Colegio Alcazarén Valladolid, Prelatura Opus Dei, Colegio Internacional Campolara Burgos, Colegio Los Robles Asturias, Colegio Mayor Los Arces, Prelatura Opus Dei, Colegio Mayor Peñafiel, Prelatura Opus Dei, Colegio Montessori Salamanca, Colegio Peñalabra Cantabria, Colegio Peñalba Valladolid, Colegio Peñamayor Asturias, Colegio Pinoalbar Valladolid, Colegio Torrevelo Cantabria, Colegio Valmayor Gijón, Colegio de Fomento, Colegios Mayores Universitarios, Prelatura Opus Dei, Crisis Opus Dei, Delegación de Valladolid del Opus Dei, Documentos Internos Opus Dei, Encarnita Ortega Pardo, Escuela Deportiva Niara, Prelatura Opus Dei, Escuela de Hostelería Alcazarén, Prelatura Opus Dei, Ex miembros del Opus Dei, ExOpus, Guarderías Kids Garden, José María Escrivá de Balaguer, Obra corporativas Prelatura del Opus Dei en Valladolid, Opus, Opus Dei, Opus Dei Asturias, Opus Dei Burgos, Opus Dei Castilla y León, Opus Dei España, Opus Dei Gijón, Opus Dei León, Opus Dei Oviedo, Opus Dei Palencia, Opus Dei Salamanca, Opus Dei Santander, Opus Dei Valladolid, Opus Dei Zamora, Opus Libros, Prelatura personal del Opus Dei, Problemas psiquiátricos, Residencias Universitarias, Prelatura Opus Dei, Sacerdote Antonio Petit Pérez (Opus Dei), Secta, Sectas Destructivas, Universidad de Valladolid, Ángel Lasheras Presas, Vicario Regional Opus Dei | | Aún no hay comentarios